martes, 27 de mayo de 2014

¿Le gusta leer sobre la guerra civil? Qué leer


No hace mucho entré en mi librería favorita y me topé en la sección de novedades un libro con un título muy sugerente, El PSOE de problema a pesadilla, lo firmaba Enrique Martínez Domínguez Campos, un nombre que desconocía totalmente. La tentación primera fue adquirirlo, pero el desconocimiento del autor y de la editora me hizo repensarlo. Estoy cansado de adquirir obras con un sesgo derechista excesivamente acusado. En mi pequeña biblioteca poseo ciertos títulos, donde sus autores se vanaglorian de imparcialidad y al leerlos la imparcialidad o está disimulada o realmente es nula. Al final no adquirí el libro sobre el PSOE, investigando por la red me enteré que el autor es un exmilitar de la legión. En una presentación de uno de sus libros anti-PSOE estuvo acompañado de Pío Moa y Luis Togores.

Stanley G. Payne: Porqué la República perdió la guerra; Moisés, Pilo y De la Iglesia: La matanza de Badajoz ante los muros de la propaganda; Fernando del Rey Reguillo coordina un libro donde entre los autores se encuentra el colaborador de FAES, Manuel Álvarez Tardio: Palabras como puños; Héctor Alosno García: El coronel Puigdengolas y la batalla de Badajoz; incluso poseo hasta un libro del suegro de Gallardón: Sin cambiar de bandera. Un amigo profesor de historia me decía que hay que leer de todo, es cierto cuando se va a estudiar cómo es la bibliografía de la guerra civil, tenemos que sumergirnos en todos los puntos de vista. Pero ¿qué libro tiene que leer alguien que solo pretende pasar un rato entretenido? Pues depende de su ideología. Si se es proclive a la figura de Franco hay muchos autores que podrán hacer sus delicias: sin olvidarnos de los clásicos - Rafael Casas de la Vega, Martinez Bande, Comín Colomer, Manuel Aznar...- de los cuales es muy difícil adquirir alguna obra suya por encontrarse agotadas, podemos citar una pequeña muestra: Ricardo de la Cierva, Luis E. Togores, Ángel David Martín Rubio, Pío Moa, César Vidal, Francisco Torres García, José María Zavala, Sigfredo Hillers de Luque, Alfonso Bullón de Mendoza, Luis Suárez Fernández, José Javier Esparza, José Luis Orella, José M. Manrique, Julius Ruiz, César Alcalá,

Si usted se considera un liberal también tiene sus propios autores: José Varela Ortega, Julían Marías, Fernando del Rey Reguillo, Manuel Álvarez Tardío, Álvarez Junco, Luis Español Bouché, Luis Arranz Notario, el recién llegado desde la izquierda Santos Julia... Estos autores no son proclives a la figura de Franco, de todas formas, no suelen ser excesivamente rigurosos con el dictador, al menos no tanto como lo son con ciertas figuras de la República. Estos autores no piensan que la República debiera haber derivado en una cruenta guerra civil necesariamente, sin embargo, al leer algunas de sus obras el lector llega a la conclusión que los militares se alzaban necesariamente para salvar la patria de la vesanía bolchevique. Luis Arraz Notario -otro colaborador de FAES- en el Diccionario biográfico de la RAH escribió:
“El levantamiento militar del 18 de julio de 1936 proporcionó al largocaballerismo la ocasión de llevar a cabo la prometida liquidación, por vía revolucionaria, de la República del 14 de abril. España conoció durante la segunda mitad de 1936 una revolución de envergadura, sólo comparable a la soviética de 1917. Pero ese proceso no impidió el avance de los militares” y que el señor Carrillo “aplicó una política de terror revolucionario que compartieron todas las organizaciones del Frente Popular. […] Coincidió así con los asesinatos de Paracuellos y Torrejón de Ardoz, donde varios miles de personas de toda edad y condición, en gran parte sacadas ilegalmente de las cárceles madrileñas, fueron fusiladas sin más. Carrillo nunca ha asumido su responsabilidad en estas matanzas”. 
  Lo del diccionario de la RAH es de vergüenza y los escritos de los historiadores de derechas o liberales practican un maniquieismo digno de la historiografía más casposa


La culpa de todo, primordialmente, fue de la República. Según Julíán Marías:
«Los años de la República estuvieron dominados por la falta de imaginación, la incapacidad de prever, de anticipar las consecuencias, de proyectar un poco lejos. No se llegó a aceptar las reglas de la democracia, se declaró una vez y otra –por la derecha y por la izquierda– que sólo se aceptaban sus resultados si eran favorables; unos y otros estuvieron dispuestos ara enmendar por la fuerza la decisión de las urnas, sin darse cuenta de que eso destruía toda posibilidad política normal y anulaba la gran virtud de la democracia: la de rectificarse a sí misma.»
«Fue la insurrección del Partido Socialista en octubre de 1934, aprovechada por los catalanistas, que llevó a la destrucción de una democracia eficaz y del concepto mismo de autonomía regional. Se negó entonces la validez del sufragio, la Constitución y el Estatuto de Cataluña –parte de la estructura jurídica de la República española–, todo en una pieza. La democracia quedó herida de muerte
Ni una alusión al golpe de Estado que fue la verdadera razón de la guerra civil. La izquierda se saltó las normas de la democracia, eso es cierto, pero el Estado democrático no fue fagocitado por la izquierda. El ejército, cómo gobernaba la derecha, estuvo a las alturas de las circunstancias. Esa suficiencia desapareció cuando el Frente Popular le ganó las elecciones a la CEDA, la gran coalición derechista. Recordemos por mucho que esto pese, que en los gobiernos del Frente Popular no hubo ningún revolucionario. Este hecho se escamotea para justificar la actuación del ejército y demonizar a la izquierda. La democracia se destruyó en el 34, y como no había democracia los militares tuvieron que restablecer el orden y la moral. Esto es una de las falacias que mantienen liberales y neofranquistas. Cristina Losada, otra liberal, defendiendo a Pío Moa escribió:
La versión de la guerra civil que maneja la izquierda es de un narcisismo esplendoroso. Si, como dice, el conflicto fue provocado por una derecha fascista ante la amenaza que el régimen republicano suponía para los privilegios de la oligarquía, ella queda limpia de polvo y paja y todo el peso de la culpa recae sobre el otro bando. Esta cómoda postura, útil pero nefasta para una futura convivencia, se adoptó a pesar de que algunos dirigentes de la II República reconocieron, vista la debacle, que tenían por lo menos parte de responsabilidad en lo ocurrido. Pero esa vía se taponó enseguida y hasta se arrinconó y despreció a aquellos “republicanos” cuyo testimonio emborronaba la imagen idílica que se quería dar de la República y del Frente Popular
Nada, de nuevo ni una mención a los militares que dieron el golpe de Estado que desembocó en una cruenta guerra civil. Ni una mención al Gobierno republicano de izquierdas que no estaba por la revolución. Hoy en día los políticos son criticados y padecen un descrédito sin precedentes. Todavía no han salido militares a dar un golpe de Estado para acabar con los 6.000.000 de parados, para acabar con los 30.000 desahucios al año. Tenemos una democracia secuestrada por las oñigarquías financieras. ¿Nadie con galones quiere salvarnos? Afortunadamente hoy no es ayer.

Por otro lado está la historiografía de izquierdas, o la historiografía progre como despectivamente la llaman los liberales de nuevo y cuño y los neofranquistas. Esta historiografía es la más eficiente, son autores que reconocen que no existe la objetividad pero sí la honradez, reconocen los errores de la izquierda, no esconden que durante la República existían conflictos de una gravedad considerable, pero no por eso los miltares se tenían que auto-proclamar los salvadores de la patria. No esconden la violencia roja: Francisco Espinosa editó un libro que nos relataba la violencia roja y azul.

La historiografía de izquierdas es la que mejor ha desmontado los mitos de la guerra civil. Mitos que empezaron a renacer  de la mano de una historiografía que pretendía ser revisionista. Esa historiografía está perdiendo fuelle y se está difuminando por falta de apoyos: ha dejado de ser rentable.

¿Quiénes son los que engrosan esta importante corriente historiografía? Una pequeña muesta: Francisco Espinosa, José María Lama, Julián Chaves Palacios, José Hinojosa Durán, Cayetano Ibarra, Alberto Reig Tapia, Ángel Viñas, Julio Aróstegui, Gutmaro Gómez Bravo, Paul Preston, Abdón Mateos, Julián Casanova, Hilari Raguer, Santiago Vega Sombría, Josep Fontana, Ángela Cenarro, Ian Gibson, Conxita Mir, Enrique Moradiellos, Javier Cervera Gil, Francisco Moreno Gómez, Manuel Órtiz heras, Francisco Sánchez Montoya, Glicero Sánchez Recio, José Luis Ledesma, Ricardo Robledo, Eduardo González Calleja, Fernando Puell, Xavier Moreno Juliá, Matilde Eiroa, Paco Ignacio Taibo... Es interminable la lista que se puede confeccionar.


2 comentarios:

  1. Para nada justifico un golpe de Estado y lo que vino después, pero sí que comparto en gran medida las palabras de Julian Marías. Lejos de tener comportamientos democráticos, tanto por la derecha como por la izquierda se manifestó que las urnas eran válidas siempre y cuando fueran favorables, de no ser así, habría que acudir a otros medios. Ahí están las palabras de Largo Caballero o de Calvo Sotelo que todos conocemos.
    Saludos.

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