miércoles, 23 de marzo de 2016

La derecha, el poder y su guerracivilismo



Me veo en la necesidad de compartir con todos nuestros lectores un artículo de Antonio Maestre, que viene muy bien, o que constata a la perfección, la fijación que la derecha tiene en comparar a la izquierda española del 2016 con la izquierda revolucionaria de los años 30: una cosa tienen en común, desde el PSOE hasta Podemos -de un extremo a otro- son anti-franquistas/anti-fascistas.

Ningún grupo político Español -si exceptuamos a los residuales- son apologistas o tienen que ver con la Guerra Civil española. El PSOE, a pesar de su nombre y de que participó plenamente en la II República, promovió la Revolución de octubre, y estuvo muy presente en la guerra, es un partido que durante la Transición se renovó; sus jóvenes líderes no contaron con los viejos políticos del exilio: el PSOE era un partido nuevo. El PC de Carrillo abominaba de la dictadura del proletariado y aceptaba la bandera monárquica olvidándose de la II República. Podemos es un partido totalmente nuevo. de gente muy joven procedente de la izquierda no socialista. Los buenos chicos de Ciudadanos hasta que se demuestre lo contrario, son un partido de centro-derecha. El PP fue fundado por el franquismo menos duro, pero sus fundadores no participaron en la Guerra Civil.

Si nos olvidamos de los orígenes de los partidos y miramos cara a cara a sus líderes: Pablo Iglesias, Errejón, Alberto Garzón, Albert Rivera, Begoña Villacis, Pedro Sánchez , Antonio Hernando, Mariano Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría, nadie puede o debiera encontrar conexión con los años 30 o con la dictadura franquista. El problema viene cuando "un informe del Consejo de Europa abronca a España [gobernada por le PP] por abandonar a las víctimas del franquismo", o se niegan a retirarles honores a "los héroes de la Cruzada". Para esto no hay posible excusa: estamos hablando de una dictadura. Algunos preguntaran por la Pasionaria, Largo Caballero o Indalecio Prieto. Repito estamos hablando de una dictadura, no de ideologías. Por esa regla de tres podemos quitarle la plaza a Margaret Tatcher.


A la derecha española le estorba la democracia

Cada vez que la izquierda ha gobernado o ha intentado acceder al poder de manera democrática se ha encontrado con la intolerancia y las amenazas veladas de una derecha que no acepta que otros usurpen su lugar divino

04 febrero 2016. 10:08

Antonio Maestre.

MADRID// Cuenta César Rendueles en Capitalismo Canalla que el dictador Augusto Pinochet enunció en vísperas de los comicios chilenos de 1989 que estaba “dispuesto a aceptar el resultado de las elecciones con tal de que no gane ninguna opción de izquierdas”. Esa cosmovisión es compartida en la intimidad por la derecha española, que al menor atisbo de un gobierno de izquierdas saca sus peores instintos para alertarnos del desastre, o para llevarnos directamente a él. La diestra de este país sólo considera legítimo que ellos estén en el poder, es suyo, y por eso no toleran que se les derroque por las urnas. Por eso, en cuanto ocurre o puede ocurrir, apelan al guerracivilismo. Alertan con dramatismo ante el advenimiento de lo que ellos mismos ocasionaron. Como una oscura advertencia. Como una amenaza velada.

El día 15 de marzo de 2004, tras la victoria electoral de Jose Luis Rodríguez Zapatero en los comicios más tristes de la historia de España, se publicó una tribuna en el Diario ABC del catedrático Ignacio Sanchez Cámara. El título dejaba claras sus intenciones: “La izquierda Atapuerca”. Los diarios conservadores siempre han usado firmas de opinión para no manchar sus editoriales de impulsos golpistas. Han preferido que sea gente de bien la que se encargue de advertir, de sugerir, de llamar al orden y, quién sabe, promover sin darle muchas más vueltas un “golpe de timón”.

Estos tics autoritarios que no respetan la voluntad popular y la soberanía de las urnas suelen proyectar lo que ellos son. La palabra golpista es bastante sobada en sus soflamas, una excusa del subconsciente. Es seña habitual que llamen golpes de estado a todo menos al único que sufrió España en el siglo XX y que culminó en 40 años de dictadura. “La facción torva y resentida de la izquierda española, que, por fortuna, coexiste con otra izquierda ilustrada y veraz, acaba de renovar su predilección por el ejercicio de una especie de golpismo de salón con sucursal en las calles, especialmente en la madrileña de Génova”, escribió Sánchez Cámara tras la victoria de Zapatero.

A lo que el catedrático llamó golpismo, acompañado de un epíteto, es a la conocida protesta ciudadana frente a la sede del PP del día 13 de marzo de 2004. Es otra de las señas de los nostálgicos del franquismo, del sociológico, y del mundano. No les gusta la gente en las calles protestando y ejerciendo sus derechos. El PP en esas fechas hacía la oposición más barriobajera de la historia de la democracia poniendo en duda constantemente la legitimidad del gobierno de Zapatero. Un senador del PP declaró por Melilla: “Pavía entró a caballo en el Congreso, Tejero con una pistola y el señor Zapatero con un tren de cercanías”. Unas declaraciones que encontraron acomodo en el ambiente que había en el seno del Partido Popular, como sostuvo otro histórico dirigente popular al decir: “Expresó en voz alta un pensamiento que comparte con millones de españoles”.

Mientras, los Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos de turno tampoco tragaron bien el sapo de la victoria socialista. Los “comunicadores” usaron sus poltronas mediáticas para poner en marcha unas acusaciones ponzoñosas que con el tiempo no sólo se demostraron falsas, sino también que los que las promovían las sabían falaces. ”Ésta es la izquierda que dio el golpe de Estado del 11-M”, declaraba hace poco el afamado locutor.

No creamos que algo ha cambiado 12 años después. Cuando durante el 15-M ciudadanos protestaron de manera pacífica exigiendo mayor calidad democrática, la derecha reaccionó con virulencia contra ellos porque cuestionaban la esencia misma de su estatus, de su poder, de sus privilegios. Esperanza Aguirre insultaba con denuedo a quienes se agolpaban en las plazas llamándoles “pendencieros” y “camorristas”. Asimismo, acusaba a los manifestantes de esconder bajo sus peticiones “un golpe de Estado”. Lo mismo que se esconde ahora en los conservadores en la opción política que surgió de ese 15-M, un “golpe de Estado encubierto”.

Las difamaciones y acusaciones sin fundamento vertidas contra Podemos han tomado el relevo del acoso sufrido por el PSOE de Zapatero. El gobierno les pertenece, y no dejarán que la izquierda use los resortes democráticos y constitucionales con impunidad. Leer artículo completo en la web original.



Y seguimos en ello: Stanley G. Payne está de gira por España para vendernos su último libro. En una entrevista en La Gaceta, ha afirmado que los discursos de Podemos le recuerdan  los modos y maneras que caracterizaron al Frente Popular durante los años treinta. También el prestigioso historiador dijo para La Gaceta que "es lamentable que un votante español de cada cuatro haya votado a favor de algo parecido a la Guerra Civil y el exclusivismo total". A nosotros nos parece lamentable que esto lo pueda decir un Catedrático de la Real Academia de la Historia. aunque no se porque extrañarse, esa vetusta Academia publicó un diccionario biográfico donde decían que Franco no era un dictador y por el contrario Juan Negrín sí que lo era. Así que sus miembros más conservadores, como el sr. Payne, puede insultar a 5.000.000 de votantes de Podemos. ¿Porqué no dice Payne que es lamentable que un partido manchado por la corrupción -y esto si que es cierto-, como es el PP, ha sido votado por más de 7.000.000 de españoles? ¿Eso no es lamentable? 

Podemos, por mucho que quiera convencernos el historiador estadounidense,  no se parece a la Guerra Civil -y de exclusivismo en este país la derecha puede darnos lecciones a raudales-. En algunos lugares, el PP es lo más parecido a una banda de cuatreros y esto sí que es cierto y palpable, y no metafísico.

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