domingo, 6 de marzo de 2016

La República asesinada.


Verano de 1936: un grupo de militares facciosos y de civiles fascistas coordinaron un golpe de estado para derrocar a un gobierno republicano/burgués y de izquierdas -nada de judeoblocheviques-. Se creo un Frente Popular, igual que en la República francesa, para derrocar a la derecha que con su enorme poder económico estaba acostumbrado a comprar votos (1 duro (5 pesetas), un colchón, 1 voto). Las elecciones, que han sido tachadas de fraudulentas por el revisionista Stanley G. Payne, dieron como ganador al Frente Popular por un estrecho margen de votos. Las derechas aceptaron el resultado de las elecciones -¿cómo, no se enteraron del fraude?, lástima, no estaba Payne para alumbrarles.

La camarilla conspitativa se puso manos a la obra, la suerte estaba echada y los acontecimientos violentos, provocados y/o fortuitos, justificaron la intervención militar. Era la oportunidad que estaba esperando la extrema derecha para finiquitar la democracia. Desde el mismo 1931 la conspiraciones de la extrema derecha anti-republicana estaban al orden del día, en 1932 Sanjurjo lo intentó sin éxito , y en 1936 encontraron la situación y los apoyos necesarios para eliminar a la izquierda por las armas.

El 17/18 de julio comenzó todo: un golpe de estado para derrocar al Gobierno republicano. Los golpistas bajo el grito ¡Viva la República!, y con la tricolor en la mano, empezaron a asesinar a militares, políticos e izquierdistas que se oponían al fascismo armado. El grito republicano y la tricolor duraron poco, a mediados de agosto Franco junto a Queipo de Llano en Sevilla izaron la bandera roja y amarilla. Se acabó con la II República en la zona fascista. La bandera de toda la vida volvía a ser oficial en el bando faccioso. La ilegalidad era obvia y esa ilegalidad e ilegitimidad duró  hasta que el dictador totalitario Francisco Franco murió. Su sucesor, Juan Carlos I, continuó con la simbología franquista y no estaba por la labor de acordarse de la II República y de su bandera legal y legítima.

Al final de la Transición el PSOE ganó las elecciones y eliminaban el aguilucho de la bandera, pero la roja y amarilla se quedaba: la II República era olvidada y las víctimas del franquismo, las miles de víctimas, no consiguieron reconocimiento institucional por un gobierno que se suponía de izquierdas: ni Carrillo ni ningún dirigente de la extrema izquierda alzaron la voz, todo por la falsa reconciliación, o por miedo al franquismo que seguía instalado en los cuarteles.

Nos cuentan que no pudo ser de otra forma, y es posible que sí. La Transición la pilotaron las élites oligárquicas. El pueblo deseoso de la democracia constitucional votaron mayoritariamente una Constitución que te obligaba a aceptar al sucesor de Franco, es decir, la Constitución nos volvía súbditos de una monarquía sí o sí. La trampa constitucionalista funcionó. ¿No sería mejor aceptar a un rey que no se oponía a las urnas para poder tener una Constitución? ¡O nosotros o el caos! 

Todo perfecto; la derecha totalitaria se volvía demócrata de toda la vida, la izquierda (PCE, PSOE, UGT, CCOO) volvía a ser visible y los represores franquistas seguían en sus cuárteles, sus ministerios, sus cátedras, sus juzgados y sus negocios. No se cortaba con el franquismo, algunas de sus leyes pasaban a mejor vida o se disimulaban (el delito de blasfemia se cambiaba por el delito de ofensas a la religión). El Tribunal de Orden Público, el temido TOP, cambiaba de nombre por el de Audiencia Nacional. Era tan terrible esa continuidad con el franquismo que Felipe González heredó la guerra sucia contra el terrorismo, los GAL. Lo que no sabía el sr. González, o sí, es que ciertos regalos se pueden rechazar y no pasa nada.

En fin, España era demócrata y el pasado no importaba, o eso es lo que nos han contado durante muchos años, porque el pasado si cuenta. En España hubo una democracia antes que la del Régimen del 78, una democracia derrocada por el asesinato y por una Guerra Civil. Una democracia que tiene su bandera y su historia. Una bandera que fue sustituida por otra ilegalmente y que con trampas constitucionalistas se mantiene hasta nuestros días, igual que se mantiene la monarquía del Régimen del 78. Todo con apariencia democrática, pero es solo eso apariencia.

Poco deberá importar a los lectores de este blog que el que esto escribe no se sienta representado por el borbonismo ni que sienta como suyos los colores patrios (rojo y amarillo).

Hace muchos, muchos años, hubo una República, la asesinaron y sus cadáveres siguen en fosas comunes y en las cunetas...

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