En 1986, Mario Neves publicó el libro La matanza de Badajoz. crónica de un testigo de uno de los episodios de la Guerra Civil de España (agosto de 1936). En otros testimonios, Neves recogía todos los artículos que fue remitiendo desde que llegó a Elvas, frontera con Badajoz. El libro comienza diciendo en la introducción: "Este libro es para mí un desahogo y supone un alivio de mi conciencia dominada por el constante remordimiento de casi haber dejado caer en el olvido el testimonio de uno de los más horribles acontecimientos que pude presenciar en toda mi vida".
Según el propio Neves, fue Pedro Bordallo Pinheiro, administrador del Diario de Lisboa quien le ofreció "la primera oportunidad parar ejercitar mi ansiada prueba de reportero", al estallar el golpe de Estado de 1936. Neves había seguido las crónicas de Norberto Lopes, Félix Correia y Artur Portela. La plantilla del Diario de Lisboa "era muy reducida y no convenía privarla de algunos elementos esenciales para las tareas diarias". Después de recibir el encargo de Pedro Bordallo, el día 10 de agosto cogió el tren nocturno y se dirigió a Elvas. Y el día 11 empezó su tarea de reportero de guerra.
Explica Neves que "Por el hecho de haber sido el primer periodista portugués que entró en la ciudad, con bastante antelación sobre mis compañeros llegados desde Lisboa, y gracias a haber cogido aún a la censura en una fase de indecisa expectativa, lo cual me permitió referir detalles cuya divulgación enfureció a los servicios de propaganda franquista, fui el blanco de calumniosas acusaciones que se fueron cada vez más difíciles de refutar con el agravamiento de la tendenciosa postura del Gobierno portugués".
El periodista portugués se quejaba de que el comandante McNeill-Moss autor del libro The Epic of The Alcázar, "no dudó en mutilar mi reportaje para confrontar las informaciones que me atribuían a las de mis dos compañeros franceses que me acompañaron en la visita que hicimos los tres a la ciudad martirizada". Mario Neves entró dentro de la batalla de la propaganda por el relato sin poder defenderse. Para los defensores de Franco en Badajoz no pasó nada relevante. Y todavía hay quien lo mantiene restándole importancia reduciendo la magnitud de la masacre.
Cuando entró Mario Neves en la ciudad de Badajoz, vio cadáveres de milicianos y militares por todos sitios: "... tal vez me haya dejado más impresionado todavía el elevado número de miliciano fusilados en muchos lugares dispersos por la ciudad, bien como montañas de cuerpos apiñados en posiciones macabros en una hondonada, especie de río seco, a la entrada de Badajoz, o bien alineados en extensas filas dentro del cementerio para ser más tarde incinerados con gasolina". Vio muchos cadáveres en muchos lugares dispersos de la capital pacense. Y eso que ya habían empezado a recoger muertos.
El primer artículo el se publico el:
- 11 de agosto.- El crepitar de la hoguera
- 12 de agosto.- Expectativa enervante
- 13 de agosto.- El éxodo de la población
- 14 de agosto.- La intensificación del cañoneo
- 15 de agosto.- Desolación y pavor
- 16 de agosto.- La inflexible justicia militar
- 16 de agosto.- Temeraria aventura
- 17 de agosto.- No volver nunca
El último artículo, No volver nunca, fue censurado por el Gobierno de Salazar, y no vio la luz hasta que Herbert Southworth en 1963 lo publicó en el libro, El mito de la cruzada de Franco. Fue censurado por que la censura se puso manos a la obra y obligó desmentir a la prensa portuguesa las primeras cifras que habían ofrecido sobre los muertos en Badajoz. Los artículos hablan de 1.300 y 1.500 muertos . En el artículo del día 17, Neves narraba su experiencia en el cementerio en donde vio las "extensas filas [de cadáveres] dentro del cementerio para ser más tarde incinerados con gasolina", y también vio "más de 300 cadáveres en su mayoría carbonizados, y un sacerdote le dijo: "merecían esto. Además es una medida de higiene indispensable".
...Este homenaje tendrá lugar en el Salón Noble de la Diputación de Badajoz a partir de las 19,00 horas con entrada libre hasta completar aforo, y para el mismo han confirmado su asistencia la hija del periodista homenajeado, María Emilia Neves; la periodista de la TV Pública Portugal, Ana Luisa Rodrigues; y el doctor en Historia y directora de la revista 'O Pelourinho', Moisés Cayetano Rosado. HOY...👈
A continuación podremos leer el texto de Francisco Espinosa Maestre que tuve el gran honor e inmenso placer de leer recordando la memoria de Mario Neves delante de su hija María Emilia Neves. Para un servidor que lleva años estudiando sobre la Guerra Civil y la matanza de Badajoz, es como si hubiese formado parte, aunque fuera tan solo por un instante, de la lucha antifascista y antifranquista de los años 30 y la posguerra. No podemos olvidar nunca la memoria de las víctimas del franquismo, y tampoco olvidar que muchas siguen enterradas en las fosas comunes donde las dejaron sus asesinos. Fosas comunes que ahora nos quieren negar diciendo que solo hay huesos de animales como en Órgiva (Granada).
En memoria de Mario Neves (Francisco Espinosa Maestre, Sevilla 14 de abril de 2018)
Cuando el 15 de agosto de 1936 Mario Neves entró en Badajoz tenía 24 años. Compaginaba la carrera de Derecho con ciertos trabajos periodísticos, influencia sin duda de su padre, el periodista Hermano Neves. Junto con Norberto Lopes, Artur Portela y Félix Correia formó parte del grupo de periodistas que el Diario de Noticias envió a España para informar de lo que estaba ocurriendo. Antes de cruzar la frontera permaneció tres días en Elvas y Caia. Finalmente logró entrar en la ciudad uniéndose a un grupo de falangistas portugueses que, para garantizarse la entrada, detuvieron a un refugiado al que ataron y entregaron como si de un regalo se tratara. Con él también iban algunos periodistas franceses.
El impacto que le produjo entrar en la ciudad recién tomada fue terrible. Había cadáveres por todas partes y cuando fue a visitar a Yagüe pudo ver las paredes de la Comandancia Militar llenas de sangre por los fusilamientos de militares leales. En todo momento fue consciente de que la ocupación de la ciudad resultó clave para los fascistas al permitir la unión de las fuerzas de Mola con las de Queipo.
Después de acceder a la ciudad Neves llegó a escribir dos reportajes antes de que el tercero, del 17 de agosto, le fuera censurado por su periódico. En el primero de ellos, del día 15, comenzaba diciendo: “Soy el primer periodista portugués en entrar en Badajoz. Acabo de presenciar un espectáculo de desolación y pavor que tardará en borrarse de mis ojos”.
Del día siguiente guardó este recuerdo: “Fue en este segundo día cuando vi montañas de cadáveres en un riachuelo dentro de la ciudad, amontonados en las orillas y flotando entre las aguas. Más tarde pude confirmar con mis propios ojos aquello que intuía ya al avistar las columnas de humo que salían de la zona del cementerio: estaban quemando los cadáveres”.
Fue en el último, en el del 17, en el que conoció al cura con el que pudo acceder al cementerio y ver la terrible escena que nunca olvidaría de cientos de cadáveres ardiendo. Más tarde diría: “Lo peor de todo, incluso más que las imágenes, era el olor horroroso que andaba en el aire. Fue todo eso, ese ambiente, esa visión dantesca, inimaginable, la que me llevó a tomar la decisión de no volver más a Badajoz”, decisión que cumplió durante 46 años.
De aquellos días recordaba sus constantes idas y venidas entre Badajoz y Elvas y lo que veía en esta: “… el ambiente estaba muy caldeado: los refugiados que entraban en territorio portugués eran devueltos y había gente que intentaba por todos los medios acceder a Badajoz para presenciar los fusilamientos…”.
Volvió en 1982 con motivo del documental que sobre la guerra civil realizó la televisión británica y tras la visita declaró: “Lo que más me impresionó fue la curiosidad de los propios españoles”. De ahí surgió el encuentro con Justo Vila, al que debemos su testimonio. Sus últimas palabras para la entrevista que el Jornal de Letras le hizo en julio de 1984 fueron: “Conviene que los que vivieron esos tiempos no se olviden. Y, sobre todo, es preciso contar estas cosas a los que nunca oyeron hablar de ellas”.
Concluyamos diciendo que sin Mario Neves y René Brut, uno escribiendo y otro filmando, la propaganda franquista y sus herederos ideológicos se habrían adueñado de la historia de lo ocurrido en Badajoz, convirtiéndola en un episodio más de su gloriosa cruzada. Gracias a Mario Neves los extremeños hemos podido conocer y conservar nuestra propia historia.
















