Vendeta o no, es un crimen injustificable: cómo todos los crímenes. La familia de Isabel Carrasco cómo desgracia añadida tiene que soportar las malas lenguas de las redes sociales. No hay derecho. Aún así, los que han salido en su defensa, desde la óptica de la derecha: El Mundo, ABC, Isabel San Sebastian, Tertsch o el mismísimo Sostres, tampoco podemos decir -en nuestra opinión- que se han portado demasiado bien.
Isabel San Sebastían pone en el punto de mira a los escraches: en Las mañanas de Cuatro, la columnista de ABC dijo que la presidenta de la política leonesa fue asesinada por “ser presidenta de la Diputación de león y ha insistido en criticar a quienes imputan a “una persona concreta” un problema social, laboral, como hacen los que se manifiestan frente a los domicilios de políticos. “Luego hay gente que puede actuar así”. Da la terrible casualidad que, tras la infinidad de escraches realizados, por muy escandalosos que hayan sido y por muy indignados que estuvieran los desahuciados no se ha vertido ni una gota de sangre. Da la terrible casualidad que las presuntas autoras del crimen son dos militantes del Partido Popular, y que este asesinato no se produjo tras un escrache. Hubo una premeditación previa, aunque todavía nos falten saber muchos detalles.
Parece ser que ha sido una vendeta por motivos de trabajo, no por motivos políticos. A nuestros políticos debemos exigirles que cumplan con el programa que decían que podría crear tres millones de trabajos. A los políticos debemos exigirles que miren por sus ciudadanos, antes que por los intereses de..., de los de siempre. Un escrache pacífico, según ha manifestado algún juez que otro, no es un delito. Ningún escrache ha provocado que se derrame sangre, sin embargo, las disputas laborales, cómo las que supuestamente ha acabado con la vida de la dirigente popular, sí. ¿Porqué mezclarlo todo?
Más de uno estaría preparando un artículo, sobre la muerte de Isabel Carrasco, pensando en la ETA, los bukaneros, el 15-M, Zapatero, Rubalcaba y el Faisán, pero se les estropeo la prosa al descubrir tempranamente que tras este execrable asesinato no había ningún izquierdista: Todo lo contrario se conocían y habían trabajado juntas. Monserrat Triana también se había presentado cómo concejala al ayuntamiento de Astorga cómo número 7. Hablar de escrache es demasiado. Acordarse del Gran Wyoming, cómo hizo Hermann Tertsch, es de una vileza impresentable. Las palabras de Sostres sobre Colau, no merecen ni comentarse: "Si Ada Colau pudo, en el Congreso y sin que nada le ocurriera, llamar «criminal» al representante de la Asociación Española de Banca, es fácil imaginar que el siguiente paso sea dejarse de adjetivos y pasar a los hechos". Alguien de derechas mata a alguien de derechas y la responsable es la izquierda. La imaginación de Sostres es inigualable, la sagacidad de Tertsch nos deja sin habla. Lo que ya no es entendible, y tristeza me causa, que una periodista de la calidad de Isabel San Sebastián, se baje a los suburbios prosísticos de esa forma tan flagrante.
Isabel San Sebastían pone en el punto de mira a los escraches: en Las mañanas de Cuatro, la columnista de ABC dijo que la presidenta de la política leonesa fue asesinada por “ser presidenta de la Diputación de león y ha insistido en criticar a quienes imputan a “una persona concreta” un problema social, laboral, como hacen los que se manifiestan frente a los domicilios de políticos. “Luego hay gente que puede actuar así”. Da la terrible casualidad que, tras la infinidad de escraches realizados, por muy escandalosos que hayan sido y por muy indignados que estuvieran los desahuciados no se ha vertido ni una gota de sangre. Da la terrible casualidad que las presuntas autoras del crimen son dos militantes del Partido Popular, y que este asesinato no se produjo tras un escrache. Hubo una premeditación previa, aunque todavía nos falten saber muchos detalles.
Parece ser que ha sido una vendeta por motivos de trabajo, no por motivos políticos. A nuestros políticos debemos exigirles que cumplan con el programa que decían que podría crear tres millones de trabajos. A los políticos debemos exigirles que miren por sus ciudadanos, antes que por los intereses de..., de los de siempre. Un escrache pacífico, según ha manifestado algún juez que otro, no es un delito. Ningún escrache ha provocado que se derrame sangre, sin embargo, las disputas laborales, cómo las que supuestamente ha acabado con la vida de la dirigente popular, sí. ¿Porqué mezclarlo todo?
Más de uno estaría preparando un artículo, sobre la muerte de Isabel Carrasco, pensando en la ETA, los bukaneros, el 15-M, Zapatero, Rubalcaba y el Faisán, pero se les estropeo la prosa al descubrir tempranamente que tras este execrable asesinato no había ningún izquierdista: Todo lo contrario se conocían y habían trabajado juntas. Monserrat Triana también se había presentado cómo concejala al ayuntamiento de Astorga cómo número 7. Hablar de escrache es demasiado. Acordarse del Gran Wyoming, cómo hizo Hermann Tertsch, es de una vileza impresentable. Las palabras de Sostres sobre Colau, no merecen ni comentarse: "Si Ada Colau pudo, en el Congreso y sin que nada le ocurriera, llamar «criminal» al representante de la Asociación Española de Banca, es fácil imaginar que el siguiente paso sea dejarse de adjetivos y pasar a los hechos". Alguien de derechas mata a alguien de derechas y la responsable es la izquierda. La imaginación de Sostres es inigualable, la sagacidad de Tertsch nos deja sin habla. Lo que ya no es entendible, y tristeza me causa, que una periodista de la calidad de Isabel San Sebastián, se baje a los suburbios prosísticos de esa forma tan flagrante.







