Payne se lía con la Guerra Civil

Payne en la universidad católica del CEU -donde sino- junto a Bullón de Mendoza


Volverse extremadamente conservador -por no decir otra cosa- le ha llevado a Payne a convertirse en un historiador deficiente. Lo digo yo que no soy nadie, como no lo va a afirmar Viñas y decenas de historiadores.

En un artículo escrito para El Mundo, para atacar a la Memoria Histórica y de paso al PSOE, Payne dice que:
Parece que el PSOE no tiene mucha memoria de su propia historia. A modo de jalón, en octubre de 1934 fue el partido socialista el que recurrió a la violencia política masiva en contra de las instituciones de la República democrática, provocando centenares de víctimas y desencadenando el proceso revolucionario que conduciría a la Guerra Civil.
El PSOE refundado en Surennes, por mucho que le fastidie a los propios socialistas y a conservadores octogenarios, nada tiene que ver con el PSOE marxista que fundó Pablo Iglesias, así que traer a colación, no sé qué de qué revolución, es una estupidez. A menudo los propios socialistas tiran de tradición para sacar pecho. En las elecciones de 1979 la propaganda electoralista abusaba de longevidad:



Propaganda electoral. El Partido Socialista se consolidó como segunda fuerza política de España en las elecciones de 1979 (121 escaños, 98 más que el Partido Comunista), 



En el 29º Congreso, al son de La Internacional, González mostraba orgulloso la imagen de Pablo Iglesias, fundador del partido obrero, mientras Guerra levantaba el puño. Era octubre de 1981 y estaban a punto de ganar una elecciones y entrar en el Gobierno. Ver a estos dirigentes del PSOE levantar el puño es de gracia. Más bien de pena o de vegüenza ajena.

Hablar de los socialistas del Régimen del 78 y de la revolución del 34 es como hablar de agua y aceite.

La Guerra Civil española no comienza por nigún proceso revolucionario, tal y como afirma Payne. Esta es la tesis que desempolvó Pío Moa y a la que tan alegremente se ha añadido toda la prole cavernaria. La Revolución del 34 es un proceso que dura dos semanas, y que es reprimido violentamente por la derecha que estaba en el Gobierno de la República. Fusilamientos extraoficiales -asesinatos en toda regla-, torturas y alrededor de 15.000 presos (cifras de Ignacio Taibo II), amén de destituciones de alcaldias socialistas (que no tenían nada que ver con la violencia) fue el saldo negativo entre la izquierda revolucionaria. Se puede afirmar que el Gobierno derechista no estuvo de brazos cruzados y eliminó sin mayores esfuerzos a los revolucionarios. Es normal, el Ejército (Franco y Yagüe entro otros) estuvo a los órdenes del ejecutivo de la II República.

No existía ninguna revolución en ciernes. En el 36 ganan las elecciones el Frente Popular que se gana el voto de los anarquistas prometiendo una amnistía. Mas no había proceso revolucionario. Lo que si se produjo fue un complot para acabar de raíz con la izquierda.

¿Qué pasó cuando los fascistas toman las armas contra el Gobierno republicano -gobierno de centro izquierda-? ¿Qué hizo el revolucionario de Largo Caballero? Se fue en metro al congreso de los diputados para ver que medidas se tomaban. ¿Donde estaban los pertrechos militares que iban a utilizar las izquierdas para consumar su revolución? En el imaginario de los consevadores y del fascio español. Las organizaciones sindicales y políticas permanecieron pacientes en espera de que el Gobierno republicano les proporcionase armas con las que defenderse del fascismo. Fascismo que como ha demostrado la Memoria Histórica tenía en el punto de mira a la izquierda.

La revolución se produce después del 18 de julio y es finiquitada tra varios meses de tropelias por Juan Negrín.

Que alguien de sus colegas le diga a Payne que deje de hacer el ridículo.

Una manipulación de la Historia al servicio del franquismo: el caso de Stanley G. Payne

Crónica Popular • 14 marzo, 2016
María Rosa de Madariaga ||
Historiadora.

Hace ya algún tiempo que, junto a pseudohistoriadores de poca monta, aunque sus libros se vendan como rosquillas, cuyo máximo representante sería Pío Moa, han surgido otros con un pasado de investigadores serios y bien documentados, que, tras haber dado un giro de 180 grados, defienden hoy tesis antaño defendidas por historiadores franquistas, y, luego “neofranquistas”, totalmente carentes del más mínimo rigor científico. Nos estamos refiriendo al prodigioso caso del historiador e hispanista Stanley G. Payne, catedrático emérito de la prestigiosa Universidad de Wisconsin y autor de numerosos libros entre los que cabe mencionar uno sobre la Falange española, originalmente su tesis de doctorado, y otro titulado Los militares y la política en la España contemporánea, ambos publicados en español en la editorial en el exilio, Ruedo Ibérico, el primero en 1965, y el segundo, en 1968.

Me referiré muy brevemente a este último, para decir que constituyó durante muchos años un libro fundamental para las decenas de historiadores que abordaron de una u otra manera el tema del Ejército español, como es mi caso en todos mis libros sobre el Protectorado español en Marruecos. Bien documentado, con extensa información y análisis, a mi juicio, en general acertados, aunque no siempre respecto de determinados militares “africanistas”, Stanley G. Payne era considerado por la historiografía española de izquierdas o progresista un autor científicamente fiable, de ideas democráticas, situado ideológicamente en lo que podríamos llamar centro-izquierda. En cualquier caso, un autor contrario a cualquier dictadura, y, por lo tanto, al franquismo.

Pero este eminente profesor, referencia para muchos investigadores, experimentó a partir de cierto momento una curiosa transformación, pasando de ser un historiador serio y riguroso a un apologeta del franquismo, en la línea trazada por la historiografía franquista clásica, iniciada en la posguerra por Joaquín Arrarás, y continuada por nuevos apologetas como Luis Suárez y otros, aparentemente más presentables como Ricardo de la Cierva o Salas Larrazábal, hasta desembocar en la caricatura de los citados, con el esperpéntico Pío Moa.

En 2003, publicaba Pío Moa su libro 1934: Comienzo de la Guerra Civil. El PSOE y la Esquerra emprenden la contienda, con un Prólogo de Stanley G. Payne, en el que éste realizaba un encendido elogio del pseudohistoriador al que consideraba “el historiador español que está hoy mejor calificado para analizar la insurrección de 1934”. Desde que se alineó abiertamente con el club de los pseudohistoriadores neofranquistas, cuyo jefe de fila es sobre todo hoy Pío Moa, Payne ha perdido toda su credibilidad, y, sin desdeñar ni mucho menos todo lo que escribió en el pasado con valor científico, es indudable que nada de lo que dice hoy puede tomarse en consideración desde el punto de vista de la historiografía científicamente fundamentada en bases serias y rigurosas.

Payne participa regularmente en seminarios o en cursos o imparte conferencias junto a psedohistoriadores del “club neofraquista”, que, en premio al apoyo que presta a sus tesis revisionistas de “rehabilitación” del personaje de Franco, y “denigración” de la Segunda República, le han colmado de honores. El último en fecha la investidura de Payne como Doctor Honoris Causa por la Universidad Rey Juan Carlos, en una ceremonia académica celebrada el pasado 4 de marzo.

El periódico digital eldiario.es daba cuenta de la conferencia pronunciada el 8 de marzo por Staley G. Payne en el Paraninfo del Centro de Estudios para la Defensa Nacional (CEDEDEN), dependiente del Ministerio de Defensa, bajo el título “El camino hacia el 18 de julio”, en la que Payne justificó, como ya es habitual en él, el golpe de Estado franquista de julio de 1936, acusando al gobierno de la Segunda República de ser el culpable, por su “destrucción” de la democracia. Para Payne, el golpe militar del 36 fue una reacción a la falta de democracia imperante en España, ya que, a su juicio, las últimas elecciones que llevaron al triunfo del Frente Popular el 16 de febrero de 1936 fueron el “mayor fraude de la historia de la democracia”, una manipulación de los partidos de izquierda que falsearon los resultados de esas elecciones para ejercer un monopolio y dominar a España por completo. El gobierno de izquierdas del Frente Popular fue calificado por Payne de régimen del que se podían establecer paralelismos con el régimen nazi. Frente a lo que describió como situación caótica, Payne alabó la paciencia del Ejército, y del mismo Franco, que no quiso intervenir hasta que aquella se hizo insostenible. Por ello, calificó a Franco de militar “muy prudente y profesional”. Leer más en el sitio original...

Comentarios

  1. ¿El PSOE es de izquierdas? Depende, es de extrema izquierda en asuntos como la memoria histórica, el aborto, el anticatólicismo, la cadena perpetua...pero en temas económicos un desastre socioliberal, como Hollande y Tony Blair : la conjura de los "boyerdos", el aguinaldo fiscal de Zapatero a los banqueros en 2007, la supresión del impuesto del patrimonio a los adinerados, el rechazo a la jornada semanal de 35 horas, la privatización de empresas públicas rentables, la rebaja de las pensiones y la supresión del cheque bebe; Adiós izquierdas, adiós https://www.actuall.com/criterio/democracia/adios-izquierdas-adios/ vía @actuallcom

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    1. Pero lo del cheque-bebé no lo puso Zapatero?..Al menos en mis tiempos parenturientos no existía ..., en la época de Aznar. Lo pusieron ellos y lo quitaron más tarde (ya no habría l'euretes suficientes).

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  2. ¡Estimado Juan antonio!,en efecto Payne se ha convertido en un historiador del consenso ó aúlico, de éstos que cómo dice la profesora francesa Annie Lacroix están más pendientes de los saraos oficiales y de sus conexiones con los de "arriba " que en visitar y trabajar en los archivos, en suma son unos mercenarios.

    Pero no es sólo en España, ocurre en toda Europa,por ejemplo en la vecina Francia,Oliviere Dardé ( un historiador muy prestigioso) ha blanqueado el fascismo de Maurras , con vierténdolo nada menos que en "antisemita y germanófobo".

    No resisto a poner lo que ha dicho la profesora Lacroix , está en francés pero creo que se entiende fácil.

    Saludos.Rafael granados.

    ***********************************************************************************

    Chers amis,





    Eh bien non, les démissionnaires du haut comité des commémorations nationales n’auront pas protesté contre le caractère scandaleux de la complaisante notice, à énormes trous et contrevérités, d’Olivier Dard, ils se seront juste érigés en preux défenseurs d’une prétendue liberté d’expression historique – pour que triomphe auprès de la population française, car c’est l’objet des commémorations nationales, la thèse d’un Charles Maurras « germanophobe et antinazi » sous l’Occupation, si peu antisémite, sauf éventuellement au début du 20e siècle qu’il valait mieux n’en point parler – et auront renoncé vaillamment à une fonction médiatique parmi mainte autre. C’est assez farce sur ces deux points mais tout arrive...



    Je suis personnellement ravie qu’il n’y ait de fait, à cette date, plus de haut comité des commémorations nationales. La science historique, qui n’en a pas besoin, ne s’en portera pas plus mal. Elle a juste besoin, pour demeurer ou redevenir une science, qu’on la laisse travailler librement, avec des spécialistes d’histoire contemporaine qui fréquentent les salles d’archives plus que les ministres, les grands patrons, les instances « européennes », les « témoins », etc.



    Le seul comportement de la ministre Mme Nyssen, qui a cru pouvoir rédiger ou faire rédiger « une préface élogieuse – [avant] d’interrompre la diffusion du Livre des commémorations nationales 2018 », est significatif du fonctionnement d’une discipline historique servile, caractérisée par le contact permanent avec « ceux d’en haut ».



    L’ensemble de l’affaire, y compris les conditions d’élaboration de la « notice » sur Charles Maurras, confirme que la « mémoire » n’a rien de commun avec la science historique indépendante. Ayant répété cette évidence depuis quelques décennies, je me réjouis qu’elle soit ainsi confirmée.



    Annie Lacroix-Riz, professeur émérite d’histoire contemporaine, université Paris 7



    Ont signé, par ordre alphabétique : Christian Amalvi, professeur à l’université Paul-Valéry Montpellier-III ; Marie-Laure Bernadac, conservatrice générale honoraire ; Gilles Cantagrel, musicologue ; Nicole Garnier, conservatrice générale du patrimoine, chargée du musée Condé à Chantilly ; Claude Gauvard, professeur émérite d’histoire médiévale à l’université Paris-I Panthéon-Sorbonne ; Robert Halleux, membre de l’Académie royale de Belgique, directeur du Centre d’histoire des sciences et des techniques de l’université de Liège ; Jean-Noël Jeanneney, ancien ministre ; Évelyne Lever, historienne moderniste et écrivain ; Pascal Ory, professeur à l’université Paris-I Panthéon-Sorbonne ; Jacques Perot, président de l’Association française pour la protection des archives privées.





    Voir :


    http://www.lemonde.fr/idees/article/2018/03/21/affaire-maurras-dix-membres-du-haut-comite-des-commemorations-nationales-demissionnent_5274428_3232.html

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