Guerra Civil, terror. El mito que hay que matizar.

José Luis Martín Ramos acaba de publicar en Crítica un estudio que levantará ampollas entre los equidistantes, entre los que dicen que durante la Guerra Civil fueron todos culpables e iguales, y que por lo tanto, miremos hacia adelante y olvidémonos de la memoria histórica.

Nada más lejos de la realidad. La memoria histórica ha calado profundamente entre ciertos sectores de la sociedad civil y las obras como las de José Luis Martín Ramos viene a combatir las falacias de los equidistantes (de la extremaderecha es mejor no hablar, estos tipos no quieren abrir los ojos y siguen erre que erre escibiendo falsedades sobre Unamuno, Guernika, Badajoz, etc etc).

El libro de Martín Ramos, editado por la prestigiosa editorial Crítica, lleva por título, Guerra y revolución en Cataluña (1936-1939). Con todo esto no queremos decir que los más de 50.000 asesinatos que se produjeron en la retaguardia republicana fuesen cosa menor  — fue cosa mayor, que diría Rajoy — . Tan grave fueron unos asesinatos como otros, solamente que debieramos matizar:
...Sobre el "terror rojo" —que "mucha propaganda y no poca historiografía sigue sosteniendo"—, Martín Ramos se detiene para refutarlo. "Que hay violencia en la retaguardia es indiscutible", lanza el historiador, "en la retaguardia republicana, practicada por quienes defienden la república, y en el bando sublevado, por los sublevados". Pero establece una primera diferencia: entre los fascistas, la violencia va "de arriba a abajo, primero para el triunfo del golpe y luego para la formación de un nuevo Estado". En la zona republicana, sin embargo, va "de abajo a arriba", no está impulsada ni por la Generalitat ni por el Gobierno, ni siquiera por las direcciones de sindicatos y partidos. El mismo 25 de julio de 1936, días después del golpe, Lluís Companys, presidente de la Generalitat, se dirige ya al Comité Central de Milicias Antifascistas pidiendo el fin del derramamiento de sangre. Artículo completo en Infolibre...

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