Unamuno se arrepintió amargamente de haber apoyado el golpe de Estado de 1936

Paraninfo de la Universidad de Salamanca
Se han empeñado en quitarle hierro al encontronazo entre Unamuno y Astray en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca.
...Vencer no es convencer, ni conquistar convertir…” a quien critica [Unamuno] realmente no es al ejército español ni por supuesto a Millán Astray sino al falangismo al que odia tanto como al marxismo (Moisés Domínguez para la web Desde mi Campanario)
También algún historiador relacionado con la Memoria Histórica y con total solvencia y credibilidad le ha restado importancia:
...Estos testimonios permiten a Delgado [Severiano Delgado] afirmar que ni Millán Astray gritó “¡muera la inteligencia!” ni Unamuno le interpeló con prosodia y dignidad: “Fue un acto brutalmente banal, donde se dieron cuatro voces y se despidieron a la salida, un tumulto habitual en discursos y charlas de los años treinta, donde la gente se exaltaba con facilidad. Se ha exagerado muchísimo el dramatismo de lo que sucedió allí”, cuenta. Una posible prueba de que Unamuno no lo vivió como algo trascendente fue que, al terminar, siguió su rutina diaria y apareció por el casino para tomar café después de comer, como siempre. “Allí, algunos contertulios le insultaron y abuchearon —relata el historiador—, produciéndose una situación muy tirante, hasta que su hijo Rafael, avisado telefónicamente por alguien, se presentó en el casino para proteger a su padre y llevarlo a casa. En esos momentos es cuando, probablemente, Unamuno se dio cuenta de que el incidente del paraninfo había tenido más repercusión de la que él pensaba”. (El País)
Si el hijo de Unamuno tuvo que salir en su rescate, es prueba de que lo sucedido en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca debió de ser considerable:
...¿por qué el líder falangista de Salamanca, Francisco Bravo Martínez informó al hijo mayor de Unamuno de la posibilidad de "algún incidente desagradable" después de "unas cosas que suscitaron protestas crudas y violentas de los asistentes, con Millán Astray a la cabeza"? ¿Por qué se reunió el claustro de la Universidad de Salamanca y "retiró por unanimidad la confianza a su actual Rector", precisando que la Universidad debía "expresar claramente su colaboración y adhesión al Glorioso Movimiento Nacional?" De serlo, ¿por qué el general Franco, firmó el 23 de octubre el cese de Unamuno en el cargo de Rector? (COLETTE Y JEAN-CLAUDE RABATÉ para El País
Unamuno sí criticó al Ejército y por supuesto a los falangistas. Totalmente sincero le escribió a su amigo Quintín de la Torre, en las postrimerías de su muerte:
 Hubiera usted oído aullar a esos dementes de falangistas azuzados por ese grotesco y loco histrión que es Millán Astray...
 Ampliando la carta:

"Aunque me adherí al movimiento militar no renuncié a mi deber -no ya derecho- de libre crítica y después de haber sido restituido -y con elogio- a mi rectorado por el gobierno de Burgos, rectorado de que me destituyó el de Madrid, en una fiesta universitaria que presidí, con la representación del general Franco, dije toda la verdad, que vencer no es convencer ni conquistar es convertir, que no se oyen sino voces de odio y ninguna de compasión. Hubiera usted oído aullar a esos dementes de falangistas azuzados por ese grotesco y loco histrión que es Millán Astray! Resolución: que se me destituyó del rectorado y se me tiene en rehén (...)

En este estado y con lo que sufro al ver el suicidio moral de España, esta locura colectiva, esta epidemia frenopática -con su triste base, en gran parte, de cierta enfermedad corporal- figúrese cómo estaré. Entre los unos y los otros -o mejor los hunos y los hotros- están ensangrentando, desangrando, arruinando, envenenando y entonteciendo a España(...)

Sí, sí, son horribles las cosas que se cuentan de las hordas llamadas rojas, pero y la reacción a ellas? (...) Es un estúpido régimen de terror. Aquí mismo se fusila sin formación de proceso y sin justificación alguna. A alguno porque dicen que es masón, que yo no sé qué es esto ni lo saben los bestias que fusilan por ello. Y es que nada hay peor que el maridaje de la dementalidad de cuartel con sacristía. Y luego la lepra espiritual, el resentimiento, la envidia, el odio a la inteligencia... Miguel de Unamuno, 1 de diciembre


2ª carta de Unamuno a Quintín de la Torre

Sr. D. Quintín de Torre
Acabo de recibir, mi querido amigo y co-bilbaíno, su nueva carta y quiero contestarle arres (sic) y sindejar que se me enfríe el ánimo.

Me dice usted que su carta, como todas las que escribe desde ahí, van abiertas, que así se lo recomiendan y es por la censura. Lo comprendo. Yo, por mi parte, cuando escribo calculo que esa censura puede abrir mis cartas, lo que naturalmente –usted me conoce– me mueve a gritar más laverdad que aquí se trata de disfrazar.

Le agradezco las noticias que me dá, pero en cuanto a eso de que los rojos –color de sangre– hayan sacado los ojos, el corazón y cortado las manos a unos pobres chicos que cojieron no se lo creo. Ymenos después de lo que me añade. Su “esto es cosa cierta” lo atribuyo, viniendo en carta abierta y censurada, a la propaganda de exageraciones y hasta mentiras que los blancos –color de pus– están acumulando. Sobre una cierta base de verdad.

Me dice usted que esta Salamanca es más tranquila, pues aquí está el caudillo. Tranquila? Quiá! Aquí no hay refriegas de campo de guerra, ni se hacen prisioneros de ellas, pero hay la más bestial persecución y asesinatos sin justificación. En cuanto al caudillo –supongo que se refiere al pobre general Franco– no acaudilla nada en esto de la represión, del salvaje terror de retaguardia.

Deja hacer. Esto, lo de la represión de retaguardia, corre a cargo de un monstruo de perversidad, ponzoñoso y rencoroso, que es el general Mola, el que sin necesidad alguna táctica, hizo bombardear nuestro pueblo. Ese vesánico no ha venido –al revés de Franco– si no a vengar supuestos agravios de tiempo de la dictadura primoriberana y a satisfacer los odios carlistas de los que en las anteriores guerras civiles se ensañaron con nuestro Bilbao.

Ahora, sobre la base, desgraciadamente cierta, de lo del Frente Popular, se empeñan en meter en él a los que nada con él tuvieron tuvimos parte– y andan a vueltas con la Liga de los Derechos del Hombre, con la masonería y hasta con los judíos. Claro está que los mastines –y entre ellos algunas hienas– de esa tropa no saben ni lo que es la masonería ni lo que es lo otro. Y encarcelan e imponen multas –que son verdaderos robos– y hasta confiscaciones y luego dicen que juzgan y fusilan. También fusilan sin juicio alguno. (Claro que los jueces carecen de juicio, estupidizados en general por leyendas disparadas) y “esto es cosa cierta” porque lo veo yo y no me lo han contado. Han asesinado, sin formación de causa, a dos catedráticos de Universidad –uno de ellos discípulo mío– y a otros. Últimamente al pastor protestante de aquí, por ser... masón. Y amigo mío. A mí no me han asesinado todavía estas bestias al servicio del monstruo que pretendió que yo diera un certificado de buena conducta. ¿A quien creerá usted? A Martínez Anido, el mesánico.

Qué cándido y que lijero anduve al adherirme al movimiento de Franco, sin contar con los otros, y fiado –como sigo estándolo– en este supuesto caudillo. Que no consigue civilizar y humanizar a sus colaboradores. Dije, y Franco lo repitió, que lo que hay que salvar en España es la “civilización occidental, cristiana” puesta en peligro por el bolchevismo, pero los métodos que emplean no son civiles, ni son occidentales sino africanos –el africano no es, espiritualmente, Occidente– ni menos son cristianos. Porque el grosero catolicismo tradicionalista español apenas tiene nada de cristiano. Eso es militarización africana pagano-imperialista: y el pobre Franco, que ya una vez rechazó –si bien tímidamente– aquello de Primo de Rivera de “los de nuestra profesión y casta”, refiriéndose a la oficialidad de carrera, que no es el ejército, como el clero no es la Iglesia, el pobre Franco se ve arrastrado en ese camino de perdición. Y así nunca llegará la paz verdadera. Vencerán, pero no convencerán; conquistarán, pero no convertirán.

Lo que le digo desde ahora es que todos los buenos y nobles y patriotas españoles inteligentes, que sin haber tenido nada que ver con el Frente Popular, están emigrados no volverán a España. No volverán. No podrán volver como no sea a vivir aquí desterrados y envilecidos.

Esta es una campaña contra el liberalismo, no contra el bolchevismo. Todo el que fue ministro en la República, por de derecha que sea, está ya proscrito. Hasta a Gil Robles –figúrese, a Gil Robles!– le tienen desterrado. Unos días que pasó aquí, en su pueblo, hace poco, tuvo que estar recluido en casa de un amigo. Como yo estoy recluido en la mía. Y basta.

Haga usted de esta carta el uso que le parezca y si el pobre censor de esa quiere verla que la vea y si le parece, que la copie.

Pobre España! y no vuelva a decir “¡Arriba España!” que este se ha hecho ya santo y señade arribistas.

Reciba un abrazo de Miguel de Unamuno

Salamanca, 13 de diciembre de 1936

Por mucho que nos quieran mostrar el manifiesto de adhesión de Unamuno al golpe de Estado -el cual por otra parte su fecha tan solo puede ser intuida ya que nadie sabe con total exactitud en que fecha se realizó- Es obvio que que Unamuno menciona a Astray y que este azuzaba a los falangistas. Unamuno el 1 de diciembre le comenta a su amigo que "Y es que nada hay peor que el maridaje de la dementalidad de cuartel con sacristía". Y más adelante confirmaba el "odio a la inteligencia".

Unamuno, como tantos otros intelectuales liberales fue víctima de la propaganda de periódicos de gran tirada que ponía a la República como un estado de terror, un terror, por otra parte, que el principal número de víctimas las puso la izquierda en los enfrentamientos con las fuerzas del orden.

Obviar estas cartas de Unamuno y obviar que todos los Gobiernos de la II República lucharon contra los desórdenes producidos por las izquierdas y las derechas es obviar a verdadera historia de la II República. Todo con tal de salvarle los muebles a los golpistas.

Leemos en el Faro de Vigo:
"Unamuno apoyó el golpe de 1936 porque creía que se hacía a favor de la República", según el especialista Francisco Blanco Prieto, que ayer explicó en el Club Faro el proceso por el que el insigne escritor vasco pasó de la adhesión inicial al rechazo al bando franquista. Blanco Prieto, autor de varios libros sobre Miguel de Unamuno, recordó que el bando con el que se inició la guerra civil en Salamanca concluía con un "¡viva España y viva la República!", que se redactó "contra el gobierno" –no contra la forma de Estado– y que en la capital salmantina, el 19 de julio, se mantuvieron símbolos republicanos como el himno de Riego y la bandera tricolor.

De esto podemos deducir que Miguel de Unamuno debió de sentirse engañado por los golpistas




La Plataforma Millán Astray se ha adjudicado el encuentro de una fotografía donde aparece Millán Astray y Unamuno ambos frente a frente. Se muestra a un sonriente Astray, la cara de Unamuno no se aprecia en su totalidad. Por otra parte, dicha fotografía ya fue comentada por el escritor Francisco Blanco Prieto en 2012:
...[Blanco Prieto] Mostró una foto en la que Unamuno despide tranquilamente al fundador de la Legión y a Carmen Polo (El Faro de Vigo, 2012).
En realidad, la situación estaba controlada ya que andaban cerca el obispo y la mujer de Franco. La indignación de Unamuno debía de ir por dentro. Analizar una simple fotografía puede inducirnos a errores garrafales, como le ha pasado a Moisés Domínguez que dice que en la fotografía de arriba Unamuno y Millán Astray se dan cordialmente la mano. Se pueden descargar la fotografía y ampliarla y es imposible hacer tal afirmación. IMPOSIBLE.

En realidad, ni Moisés Domínguez ni el historiador Severiano Delgado son los primeros en afirmar que el discurso de Unamuno en Salamanca fue una exageración. Francisco Blanco Prieto ya los estudió seis años antes:
El famoso acto en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, el 12 de octubre de 1936, puso de manifiesto las discrepancias de Unamuno con el bando franquista, aunque Blanco Prieto subraya que lo ocurrido "se ha teatralizado demasiado: nunca dijo ´venceréis pero no convenceréis´, una frase que tiene un punto de agresividad direca, sino que ´vencer no es convencer ni conquistar es convertir´, e hizo alusión a la ´lepra nacional´ que es la envidia, citando a Quevedo".

Tampoco cree Blanco Prieto que Millán-Astray gritase "¡Viva la muerte!" ni que se pusieran metralletas sobre la mesa. Mostró una foto en la que Unamuno despide tranquilamente al fundador de la Legión y a Carmen Polo. "La tradición oral es peligrosísima –advirtió–. He hablado con tres personas que dijeron haber estado en el Paraninfo y sus versiones de lo ocurrido no coinciden". En cualquier caso, matizó, "si lo que dijo Unamuno lo hubiese dicho otro, hubiese terminado fusilado". (El Faro de Vigo 07.06.2012).
En este como en tantos otros temas la última palabra nunca está dicha. 





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