La Hispanidad fue parte del imperio español, y según dice el abogado del MCRC, Pedro Manuel González, España tuvo un imperio antes de ser nación. En efecto, podríamos decir que también como Roma y otros imperios de la antigüedad, tampoco es que sea algo excepcional. La diferencia con el imperio español, es que parte del territorio se ubicó en un continente desconocido oficialmente en Europa.
Colón estaba convencido de que había llegado a las Indias, pero existen vestigios arqueológicos que datan de la época vikinga, que descubren que ciertos europeos ya visitaron con anterioridad las Américas, supuestamente por la lejanía no debieron de pensar que era un buen lugar para crear asentamientos humanos. Además, la mentalidad de aquellos vikingos no era imperialista. Se calcula que los vikingos llegaron a América del Norte aproximadamente 500 años antes que Cristóbal Colón, alrededor del año 1021 d.C. Establecieron un asentamiento en L’Anse aux Meadows, Terranova (Canadá) (BBC...). La costumbre de los vikingos era de hacer incursiones en otros territorios y obtener lo que necesitaban, aunque en esto también existe mucho mito...
... Dentro de estos pueblos, los vikingos eran grupos que se organizaban en sociedades de tipo tribal lideradas por un jefe electo. Las razones podían ser varias, desde la promesa de riquezas hasta la necesidad de migrar por la escasez de tierras y alimento. Según Brian McMahon, autor del libro The Viking: Mith and Misconceptions, “'hacer el vikingo' era algo que un hombre podía hacer en su juventud para ganar honores y riquezas, pero era raro que un hombre se dedicase continuamente al saqueo durante toda su vida”. National Geographic
En fin, la forma de organizarse de esta etnia vikinga no era la imperialista de Roma, o la del imperio de Alejandro Magno. En la mentalidad hispana monárquica, sí nos encontramos con el germen imperialista, y por ello, al encontrar nuevos territorios con inmensas riquezas en un continente desconocido para los europeos de la época, no dudaron en hacerse con aquellos territorios vírgenes; porque el asunto imperial siempre ha sido el mismo: extraer las riquezas en beneficio de la corona. Hernán Cortés, Francisco Pizarro, y tantos otros partieron hacia en "nuevo" mundo para ganar dinero (hoy los llamamos emprendedores).
El tiempo de la colonización fue muy extenso, por lo que hubo ciertas etapas. Los primeros 50 años se caracterizaron por las salvajadas bélicas contra los indígenas, hasta que se creó una élite criolla ( "Hijo o descendiente de europeos, nacido en los antiguos territorios españoles de América o en algunas colonias europeas de dicho continente", según la RAE), como Simón Bolívar. Bolívar fue un descendiente de españoles que paradójicamente se hartaron de ser hispanos y se independizaron de los españoles creando nación propia e independiente.
Simón Bolívar fue un criollo adinerado, nacido en Caracas el 24 de julio de 1783. Pertenecía a la aristocracia mantuana (élites blancas de origen español nacidas en América) y heredó grandes plantaciones de cacao y minas, lo que le otorgó una posición social y económica privilegiada en Venezuela.
El concepto de Hispanidad, con referencias imperiales, dejó de existir con la independencia de los territorios hispanoamericanos, o es un término que hace más referencia al lenguaje que se habla en ciertos lugares del Sur de América, que a un territorio geográfico.
Pero la RAH tiene su visión rancia: "El concepto de Hispanidad comienza a tomar forma en España, cuando, a partir del noventa y ocho, se pierden los últimos territorios españoles en América. Escritores destacados como Maeztu, Labra, Madariaga, Menéndez Pidal o Américo Castro coinciden en que hay tres cuestiones que lo conforman: raza, religión y lengua. Sin embargo, ya en el periodo de entreguerras, Altamira Crevea, que viajó largamente por toda Sudamérica, señaló que el hispanismo está constituido por algo más que estos tres elementos, e incorpora otros como la emigración, la identidad cultural o la expansión literaria. No se trata ya sólo de creencias o ideologías sino de algo vivo que evoluciona día a día y que se proyecta hacia el futuro" (RAH...👈). Esta es la visión unilateralista de la rancia Real Academia de la Historia española.
Según estos rancios y carcas de la historia, la Hispanidad es "Algo sublime que nos hermana con más de 500 millones de personas de distinta raza, religión e ideología que usamos un lenguaje común. Algo que muchos españoles desconocen –cuando no se avergüenzan- porque se ha enseñado mal en las escuelas, en los institutos y en las universidades". Eran tan carcas los que crearon el término Hispanidad que distinguían los grupos humanos étnicos como "razas". Une y hermana más la ideología que el idioma o la religión. Así que Maeztu y demás pensadores estaban equivocados
Un servidor se siente más cercano con un portugués (que no comparte idioma con los españoles) que con un venezolano o un ecuatoriano. Ojo, esto no quiere decir que no tengamos que tener buenas relaciones con Latinoamérica, lo mismo que con Italia o Grecia, países mediterráneos con los que también tenemos mucho en común. O sea, el idioma no hermana ni une. Eso sí, facilita las relaciones internacionales, sobre todo a los españoles que somos tan vagos (yo el primero) que no sabemos hablar inglés. Pedro Sánchez es el único presidente español que hasta la fecha domina el inglés, idioma que por mucho que joda a tanto hispanista, es el que usan los líderes europeos para comunicarse entre sí. Y yo me pregunto entonces, ¿el ingles hermana? No, el lenguaje es un instrumento de comunicación nada más.
Se sigue intentando justificar aquella brutal invasión de las Américas y no hay pocos autores que están en ello. Hasta desde la RAH encontramos adeptos a la Hispanidad, no como forma de contar un pasado en toda su amplitud, sino como método de justificarlo.
Por eso nos es extraño encontrarse por Facebook comentarios así...
... Lo peor en esta historia es el desconocimiento de la propia historia que tanto el rey como el gobierno han desvelado en sus declaraciones . Los Tratados de Córdoba entre el reino de España y México establecieron en 1821, en el artículo II, el olvido total de lo pasado y que los dos vivirían hermanados. Por tanto, quienes lo quebrantan no hacen otra cosa que convertir en papel mojado ese acuerdo.
Se está refiriendo a que Felipe VI en México reconoció los abusos de la colonización. Y por eso dice que el rey desconoce la historia. Quien parece desconocer la historia es el autor del comentario, porque Felipe VI no dijo ningunas mentira, veamos parte de sus declaraciones: "Los RR. CC., la reina Isabel con sus directrices, las Leyes de Indias por proceso legislativo. Hay un afán de protección, que luego, la realidad hace que no se cumpla como se pretende y hay mucho abuso" (YouTube...👈) ¿Dónde está aquí la mentira? ¿Dónde está aquí la pedida de perdón? Se está tergiversando lo que dijo Felipe VI, hasta tal punto que hay energúmenos que aseguran que la corona ha perdido el honor (el honor ya lo perdieron cuando Juan Carlos I cuando juró cumplir las Leyes Fundamentales franquistas y guardar lealtad a los Principios del Movimiento Nacional.
Efectivamente, en 1821 entre España y México se firmaron los tratados de México, por Agustín de Iturbide y Juan O'Donojú, sin embargo "Los Tratados de Córdoba son rechazados por el gobierno español y no es hasta 1836 que este país reconoce la independencia mexicana con el Tratado de paz y amistad entre México y España (ver enlace...👈).
El artículo II, ni ningún otro artículo, implica "el olvido total de lo pasado y que los dos vivirían hermanados", ni siquiera hablan de hermanamiento...
... Art. 1º. Esta América se reconocerá por nación soberana e independiente, y se llamará en lo sucesivo “Imperio Mexicano”.
2º. El gobierno del Imperio será monárquico constitucional moderado.
3º. Será llamado a reinar en el Imperio mexicano (previo juramento que designa el artículo 4º del plan), en primer lugar el señor don Fernando VII, rey católico de España; y por su renuncia o no admisión, su hermano el Serenísimo Señor infante don Carlos; por su renuncia o no admisión, el Serenísimo Señor infante don Francisco de Paula; por su renuncia o no admisión el Serenísimo Señor don Carlos Luis, infante de España, antes heredero de Etruria, hoy de Luca; y por renuncia o no admisión de éste, el que las Cortes del Imperio designen.
4º. El emperador fijará su corte en México, que será la capital del Imperio.
5º. Se nombrarán dos comisionados por el Excelentísimo Señor O’Donojú, los que pasarán a la Corte de España a poner en las reales manos del Señor Don Fernando VII copia de este tratado y exposición que le acompañará, para que sirva a S.M. de antecedente mientras las Cortes le ofrecen la corona con todas las formalidades y garantías que asunto de tanta importancia exige, y suplican a S.M. que en el caso del artículo III, se digne noticiarlo a los Serenísimos Señores infantes llamados en el mismo artículo por el orden que en el se nombran, interponiendo su benigno influjo para que sea una persona de las señaladas de su augusta casa la que venga a este Imperio, por lo que se interesa en ello la prosperidad de ambas naciones, y por la satisfacción que recibirán los mexicanos en añadir este vínculo a los demás de amistad con que podrán y quieren unirse a los españoles.
6º. Se nombrará inmediatamente, conforme al espíritu del Plan de Iguala, una junta compuesta de los primeros hombres del Imperio por sus virtudes, por sus destinos, por sus fortunas, representación y concepto, de aquellos que están designados por la opinión general, cuyo número sea bastante considerable para que la reunión de luces asegure el acierto en sus determinaciones, que serán emanaciones de la autoridad y facultades que les concedan los artículos siguientes
7º. La junta de que trata el artículo anterior, se llamará Junta provisional gubernativa.
8º. Será individuo de la Junta provisional de gobierno el teniente general don Juan de O’Donojú, en consideración a la conveniencia de que una persona de su clase tenga una parte activa e inmediata en el gobierno, y de que es indispensable omitir algunas de las que estaban señaladas en el expresado plan en conformidad de su mismo espíritu.
9º. La Junta provisional de gobierno tendrá un presidente nombrado por ella misma, y cuya elección recaerá en uno de los individuos de su seno o fuera de él, que reúna la pluralidad absoluta de sufragios, lo que si en la primera votación no se verificase, se procederá a segundo escrutinio entrando en él los dos que hayan obtenido más votos.
10. El primer paso de la Junta provisional de gobierno será hacer un manifiesto al público de su instalación y motivos que la reunieron, con las demás explicaciones que considere convenientes para ilustrar al pueblo sobre sus intereses y modo de proceder en la elección de diputados a Cortes, de que se hablará después.
11. La Junta provisional de gobierno nombrará, en seguida de la elección de su presidente, una regencia compuesta de tres personas de su seno o fuera de él, en quien resida el poder ejecutivo y que gobierne en nombre del monarca, hasta que este empuñe el cetro del Imperio.
12. Instalada la Junta provisional gobernará interinamente conforme a las leyes vigentes en todo lo que no se oponga al Plan de Iguala, y mientras las Cortes formen la constitución del Estado
13. La regencia, inmediatamente después de nombrada, procederá a la convocación de Cortes conforme al método que determine la Junta provisional de gobierno, lo que es conforme al espíritu del artículo 24 del citado plan.
14. El poder ejecutivo reside en la regencia, el legislativo en las Cortes; pero como ha de mediar algún tiempo antes que éstas se reúnan, para que ambos no recaigan en una misma autoridad, ejercerá la Junta el poder legislativo, primero, para los casos que puedan ocurrir y que no den lugar a esperar la reunión de las Cortes, y entonces procederá de acuerdo con la regencia; segundo, para servir a la regencia de cuerpo auxiliar y consultivo en sus determinaciones.
15. Toda persona que pertenece a una sociedad, alterado el sistema de gobierno, o pasando el país a poder de otro príncipe, queda en el estado de libertad natural para trasladarse con su fortuna adonde le convenga, sin que haya derecho para privarle de esta libertad, a menos que tenga contraída alguna deuda con la sociedad a que pertenecía por delito, o de otro de los modos que conocen los publicistas: en este caso están los europeos avecindados en Nueva España y los americanos residentes en la península; por consiguiente, serán árbitros a permanecer adoptando esta o aquella patria, o a pedir su pasaporte, que no podrá negárseles, para salir del Imperio en el tiempo que se prefije, llevando o trayendo sus familias y bienes; pero satisfaciendo a la salida por los últimos, los derechos de exportación establecidos o que se establecieren por quien pueda hacerlo.
16. No tendrá lugar la anterior alternativa respecto de los empleados públicos o militares que notoriamente son desafectos a la independencia mexicana; sino que estos necesariamente saldrán del Imperio dentro del término que la regencia prescriba, llevando sus intereses y pagando los derechos de que habla el artículo anterior.
17. Siendo un obstáculo a la realización de este tratado la ocupación de la capital por las tropas de la península, se hace indispensable vencerlo; pero como el primer jefe del ejército imperial, uniendo sus sentimientos a los de la nación mexicana, desea no conseguirlo con la fuerza, para lo que le sobran recursos, sin embargo del valor y constancia de dichas tropas peninsulares, por falta de medios y arbitrios para sostenerse contra el sistema adoptado por la nación entera, don Juan de O’Donojú se ofrece a emplear su autoridad, para que dichas tropas verifiquen su salida sin efusión de sangre y por una capitulación honrosa.
Villa de Córdoba, 24 de agosto de 1821.—Agustín de Iturbide.—Juan de O’Donojú.—Es copia fiel de su original.—José Domínguez.—Es copia fiel de la original que queda en esta comandancia general.—José Joaquín Herrera.—Como ayudante secretario, Tomás Illañez.
Los que firmaron el tratado fueron Agustín de Iturbide, un criollo (un mexicano descendiente de nobles españoles) que primero luchó en el Ejército realista y que luego se pasó al bando insurgente, y Juan O'Donojú, un sevillano con ascendencia irlandesa que fue virrey, 4.º Jefe político superior de la Nueva España, y Regente del Imperio Mexicano durante la transición hacia la independencia de México. Fue un tratado entre un criollo y un español, nada de pacto con indígenas, que como es lógico sufrían la marginación secular.
¿Por qué hay tanta manipulación en esta parte de la historia? Pues por lo mismo que la ha habido sobre el franquismo y la sigue habiendo. Para justificar las barbaridades se necesita tergiversar, manipular y mentir sobre hechos históricos. Y con Internet es mucho más fácil.


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