miércoles, 4 de marzo de 2026

La sombra de Francisco Pilo Ortiz sobre la matanza de Badajoz

 


Recientemente Francisco Pilo Ortiz ha publicado otro librito donde asegura que existen "infinidad de bulos [sobre la matanza de Badajoz] que en este libro quedarán totalmente desmontados". Un historiador que se precie, debe de indicar las fuentes, si son de archivos o testimonio orales. Y justo al comienzo del libro nos viene la primera duda al relatarnos la vida del gobernador civil Miguel Granados Ruiz, del que dice que: "otro mito es que huyó por temor a los sublevados (...) cuando lo cierto  es que su fuga se debió al terror que sentía por un sector de milicianos, delincuentes muy conocidos, que campaba a sus anchas". Más adelante, nos asegura que Miguel Granados intentó huir "por una especie de túnel que habían abierto a través de los sótanos de la calle San Juan, que comunicaba en una tienda propiedad del concejal Juan Villarreal Muñoz". Pero que al final abortaron esa idea porque muchos milicianos conocían ese pasadizo. Por lo que optaron por "huir de la ciudad en un vehículo dirección a Portugal. Todo esto lo explica en la página 12.

Parece un guion malo de una película de cine B. Con pasadizo o sin él, tendrían que salir de Badajoz en coche por puerta de Palmas. O sea, la existencia de un pasadizo "secreto" es irrelevante para la marcha de Miguel Granados. Además ¿cómo iban a saber que el gobernador civil se iba a marchar por un pasadizo? Cuando lo lógico sería tomar un coche y largarse con viento fresco. Desgraciadamente para esta burda historieta el Sr. Pilo no cita fuente alguna. 

Miguel Granados Ruiz se marcha de Badajoz el 12 de agosto de 1936. Justo un día antes de que las tropas facciosas llegaran a Badajoz. El gobernador civil estuvo cerca de un mes desde que estalló el golpe de Estado. Si en realidad hubiera temido por su vida se hubiera marchado mucho antes. Lógicamente.

Vamos a recabar el testimonio de Enrique Santos, que sí estuvo en Badajoz aquellos días y era próximo a Miguel Granados. Según este testimonio, el Sr. Granados, "en una bocacalle alejada al Gobierno Civil", él y su secretario se detuvieron y "Ordenaron al conductor del coche oficial que regresara al Gobierno Civil"...

... Después ocuparon otro coche particular donde los esperaba Campini y el conductor particular que llevaría el vehículo. Emprendieron dirección del Puente de Palmas (...). Atravesaron las calles y llegaron al Puente de Palmas. Al final del mismo, los milicianos pidieron los salvo conductos...". El Secretario, Págs.125 y siguientes.

El gobernador civil salió en plena luz del día delante de los milicianos. Pero según Francisco Pilo Ortiz, cuando los milicianos se enteraron de la huida del gobernador civil por la Codosera, salieron en su búsqueda. Según Pilo, los milicianos fueron a buscar al gobernados civil a su despacho, y al no encontrarlo allí supusieron que había huido. Entonces "llamaron a la Codosera para avisar  [de] que el gobernador seguramente pasaría por allí"...

... En efecto, cuando el gobernador y sus acompañantes llegaron a la Codosera, su vehículo fue detenido por los milicianos del pueblo, y mientras llegaban los de Badajoz dejaron al gobernador y acompañantes en el Ayuntamiento con muy escasa vigilancia, lo cual fue aprovechado por ellos para salir del edifico". Mitos sobre lo sucedido en Badajoz en agosto de 1936, Pág, 13

 Los milicianos deberían de saber que Miguel Granados se había ausentado de Badajoz cuando salió por Puerta de Palmas. Pilo se nos inventa una historia a pura conveniencia. Y lo que es más preocupante, si usa testimonio orales no quiere descubrirlo. Por tanto, esto es fácil que salga de su propia imaginación.

Sigamos con la novela de ficción que se ha montado el Sr. Pilo sobre la huida de Miguel Granados. Una vez que Miguel Granado Ruíz se escapó de los milicianos de La Codosera, Granados con junto a las personas que los acompañaban salieron a correr campo a través...

... por la ladera del cerro donde están las ruinas del castillo (...). El gobernador y sus acompañantes subieron aquella escabrosa ladera entre piedras y jara con toda la rapidez que les permitían sus piernas (...). Cuando vieron que los milicianos, que tan poco eficientes habían sido en la vigilancia les seguían, redoblaron la carrera, sacando fuerzas de forma increíble. Ibidem, Pág. 13

En la carrera, según el cuento de Francisco Pilo, uno de los acompañantes murió de un infarto, y una vez llegado a tierras portuguesas, la GNR que casualmente se encontró con aquel panorama "viendo que [el gobernador] estaba a puto de sufrir una infarto", se lo llevaron a Elvas y lo ingresaron en un hospital.

Y ahora contrastemos las elucubraciones de Francisco Pilo con el testimonio de Enrique Santos. El cual no describe ninguna detención por parte de los milicianos ni una patética huida campo traviesa. Por lo visto, una vez en La Codosera, el alcalde que era socialista y se enteró de la llegada del gobernador civil fue a visitarlo y se comprometió acompañarlos hasta la frontera...

... Emprendieron la marcha a pie. El camino hasta la frontera era largo. El calor, sofocante. Don Miguel se desvistió de su chaqueta y se quitó la corbata para amortiguar mejor la alta temperatura. El funcionario municipal, hombre obeso y poco acostumbrado a caminar, también iba en mangas de camisa y con una pequeña bolsa de equipaje (...). Al fin llegaron a la frontera, En el camino descansaron varias veces.

(...) En la frontera una pareja de guardiñas, enviada expresamente por el gobernador de Elvas (que cumplía escrupulosamente sus promesas) esperaban a don Miguel, al que los agentes portugueses saludaron respetuosamente.

(...) Don Miguel pudo llegar a Elvas en automóvil. Allí quedó internado en un centro hospitalario. Fue visitado por su colega portugués en cuanto este tuvo noticia de su llegada.

Y allí también días después llegaron falangistas de Badajoz con intención de devolverlo a la capital pacense. El Secretario, Pág. 134

Enrique Santos explica que se había argumentado que fueron los médicos quienes protegieron a Miguel Granados de la ira falangista, sin embargo, "las órdenes del gobernador portugués fueron estrictas, severas, de que don Miguel fuera defendido a toda costas". Gracias a su colega portugués, Miguel Granados no fue asesinado por los golpistas. Porque esa era el verdadero peligro para Miguel Granados y no los milicianos.

Esto es en lo único que coincide el Sr. Pilo, pero como siempre, poniendo su granito de ficción...

... días después de la toma de Badajoz una partida de falangistas encabezada por Arcadio Carrasco, se desplazó a Elvas y fue al hospital para secuestrarlo. Al verlos entrar se le salieron los ojos de las órbitas y comenzó a dar unos chillidos tremendos mientras se agarraba con fuerza a los barrotes y comenzó a dar unos chillidos tremendos mientras se agarraba a los barrotes de la cama (...). Fue tal el ruido [que hizo] que algunos pacientes y sanitarios salieron corriendo a la calle creyendo que el hospital estaba siendo bombardeado. Mitos sobre lo sucedido en Badajoz en agosto de 1936, Pág. 13. 

Francisco Espinosa Maestre en La Columna de la muerte también explica este intento fallido de secuestro...

... Las visitas de los camaradas falangistas a Campo Mayor eran habituales; se les permitía, con mayor impunidad, irrumpir en cafés y restaurantes e insultar y vejar públicamente a los republicanos españoles. Uno de los casos más escandalosos fue el ocurrido al gobernador Miguel Granado Ruiz, al que un grupo de Falange (en venganza por haber ordenado unos meses antes la detención y la expulsión de la provincia del jefe provincial Arcadio Carrasco) quiso sacar del hospital donde había buscado protección y cuidado. Salvó su vida gracias a las órdenes impartidas por el gobernador de Elvas y a la firmeza del personal del hospital. Sobre este suceso declararía Arcadio Carrasco: "Ya le enviamos un regalito pero desgraciadamente falló". Pág. 113.

La cita sobre Arcadio Carrasco, la obtiene Francisco Espinosa del HOY, del tres de septiembre de una entrevista al líder fascista. Probablemente, Francisco Pilo Ortiz haya sacado de esa entrevista en el HOY de Badajoz la versión del intento de secuestro. Pero como las dotes de historiador del Sr. Pilo son nulas, nos quedamos sin saber de donde sale su versión de la huida de Miguel Granados y de fallido secuestro, para que los lectores podamos opinar si su información es fiable o no.

Este último libro de Francisco Pilo Ortiz tiene  387 páginas, pero solo hasta la página 193 es digamos que trabajo de "historiador. A partir de la página 193, hasta la 386 son "crónicas de periódicos", que hacen un total de 190 páginas. Pero en medio también hay muchas citas de diarios de La Voz, de Indalecio Prieto, e incluye íntegro el diario de Puigdengolas y de nuevo el trillado artículo de Jay Allen que desde hace muchos años es accesible por Internet.

Para Francisco Pilo se "han vertido ríos de tinta, escrito centenares, miles de libros y artículos , editado vídeos, dado cientos de conferencias y, sobre todo, concedido millones de de euros en subvenciones para mentir con descaro y cinismo sobre lo sucedido en Badajoz y los mitos de la inexistente matanza en la plaza de toros. Las crónicas manipuladas y llenas de mentiras e información tergiversada de diversos periodistas". Esos mentirosos según este "historiador", son: John Thompson Whitaker,, Jay Allen, Jacques Berthet y Marcel Dany. En contrapartida, todos los periodistas que escribían en los diarios portugueses como el Correio Elvense, Diario da Manhá, Diário de Lisboa, Diário de Noticias, Jornal de Elvas, O Comercio do Porto y O Século era la verdad personificada. En este último diario escriben el día 16: "El desolador aspecto de la ciudad después de las atrocidades de los comunistas"...

... Una rápida vista de ojos por la ciudad nos dio una idea de lo que había sido la dominación comunista. Bárbaros e inútiles atentados perpetrados con el solo instinto de destruir y sin ningún otro objetivo comprensible, se manifestaban  en muchos puntos. Establecimientos con las muestras destrozadas, con las fachadas destrozadas y sin vestigios, si quiera, de los productos que tenían; grandes cristaleras astilladas; en los paseos y en las aceras restos de una verdadera orgía de destrucción, como pedazos de botellas, fragmentos de muebles, etc.

El algunos puntos se veían también, en los lados de las calles, grandes manchas de sangre coagulada. Junto a un edificio del centro de la ciudad, donde los comunistas parecen haber ofrecido mayor resistencia, se extendía una gran mancha de ya sangre seca, que debía de haber sido un verdadero lago por la sangre de muchos cuerpos allí tendidos. Pág. 242.

El diario O Século no estaba describiendo "El desolador aspecto de la ciudad después de las atrocidades de los comunistas". como afirma el titular de la noticia, sino los asesinatos de los golpistas a los defensores de Badajoz. Comercios asaltados, enormes manchas de sangre en las aceras (los lados de las calles), en donde los fusilaban una vez se rendían; y otra enorme mancha de sangre reseca, "que debía de haber sido un verdadero lago por la sangre de muchos cuerpos allí tendidos" al lado de un edificio que había ofrecido resistencia a los fascistas.

El día 21 de julio O Século llevaba a titular otra de sus manipulaciones: EN BADAJOZ REINA EL TERROR, SEGÚN UN OFICIAL ESPAÑOL QUE HA ENTRADO EN NUESTRO PAÍS". El 7 de agosto sigue con sus titulares falsarios: LOS MARXISTAS DE BADAJOZ MASACRARON A LOS GUARDIAS CIVILES, PERO FUERON BOMBARDEADOS POR UN AVIÓN NACIONALISTA. 

En este último artículo se estaba refiriendo a la sublevación de la Guardia Civil  junto a algunos carabineros en el cuartel de Santo Domingo el día 6 de agosto...

... La Guardia Civil de Badajoz que ayer se había sublevado y estaba atrincherada en el cuartel donde tenían prisionero al coronel Tigol [Puigdengolas], fue atacado con bombas y tiros de ametralladoras por cerca de seis mil comunistas. Los guardias civiles, en número de setenta consiguieron, a pesar de su inferioridad numérica, resistir durante 24 horas. El ataque fue verdaderamente feroz. Los sitiados, que esperaban el auxilio de las fuerzas del ejército, que aún no llegaron, acabaron por rendirse a los comunistas, que mataron a la mayor parte de ellos. Pág. 332

 En Badajoz jamás hubo 6.000 comunistas, ni los defensores eran esos 6.000, ni los guardias civiles eran 70, ni mataron a la mayor parte. Los golpistas de la Benemérita eran alrededor de 150, se rindieron y se les respetó la vida. Acabaron presos en la Iglesia de San Agustín, pasando primero por el cuartel Menacho y el convento de Las Descalzas.

Solo he visto por encima este nuevo trabajo de Francisco Pilo Ortiz, pero es que muchos  capítulos son relleno y refritos de opiniones vertidas en Internet en sus redes sociales, y mucho me temo que estamos delante del mismo fraude historiográfico que La matanza de Badajoz ante los muros de la propaganda.

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