viernes, 30 de octubre de 2026

Testimonios de los fusilamientos de la plaza de toros de Badajoz


Un compañero del trabajo me comentó que su abuelo estuvo preso en la plaza de toros y que se salvó de ser fusilado porque la mujer trabajaba en la casa de un militar y fue a la plaza de toros a por él. Francisco Pilo Ortiz, en el año 2001 publicó un magnífico trabajo basado en la memoria oral, Ellos lo vivieron, en donde recopiló dos testimonios de dos personas que vieron fusilamientos en la plaza de toros. Un ayudante de un camioneta que estuvo llevando cadáveres de la plaza al cementerio, que no quiso dar su nombre; y otro de un señor que se llamaba Francisco Romero Ramírez. Hoy Francisco Pilo estos testimonios los niega.

El testigo que estuvo llevando presos, Pilo en un principio aseguró que mientras lo estaba entrevistando, se emborrachó. Como la excusa era bastante peregrina, pues aunque se hubiera embriagado no cambia nada el hecho de que estuviera llevando presos asesinados a la plaza de toros, en el libro Mitos sobre lo sucedido en agosto de 1936 cambia la versión. Ya no se emborrachó, sino que...

... Cuando allá por el año 2002, estaba investigando para escribir el que fue mi segundo libro, titulado LA REPRESIÓN EN BADAJOZ, una de las personas con las que hablé fue con un empleado municipal de aquellas fechas, que era conductor de unas de las camionetas del Ayuntamiento. ya de edad avanzada. Según él, dos falangistas fueron a buscarlo a su casa sobres las tres y media o cuatro de la madrugada, diciéndole que tenía que acompañarlos porque "había faena". Aquel hombre manifestó que se dirigió a la plaza de toros para recoger los cadáveres y llevarlos al cementerio. Dando varios viajes. Yo, por aquel entonces estaba comenzando a escribir sobre un tema tan complicado, como es la guerra civil y me lo creí, pero más tarde seguí investigando y comprendí que si me dijo que había ido a la plaza de toros se debió a que él pensaba  que es lo que quería escuchar y escribir, cuando en realidad se estaba refiriendo a la plaza de España. Mitos sobre lo sucedido en Badajoz en agosto de 1936, Pág.. 71

El testimonio sale en la obra Ellos lo vivieron, Y no en La Represión en Badajoz; y fue publicado en 2001. El testimonio no era el conductor como ahora dice Francisco Pilo, sino el ayudante del conductor...

... Los fusilamientos comenzaron el día 15 hacia las cuatro de la mañana. Una persona,  testigo presencial a la que ya se hizo referencia como ayudante de conductor, tuvo el gesto de relatarme lo que vio. Ellos lo vivieron, Pág. 151.

Dice Pilo, que entre las tres y media y las cuatro fueron a buscarle dos falangistas. Veamos la hora y quienes fueron a buscarle, y no, no fueron a buscarle dos falangistas...

... A mí vinieron a buscarme a eso de las tres de la mañana llamando fuertemente a la puerta. Mi mujer empezó a gritar creyendo que me llevaban detenido y yo no había hecho nada. Desde fuera me dijeron que eran guardias civiles y que no me asustara y que venían a por mí porque había trabajo.

(...) Andando nos fuimos a casa del (aquí nombra por un apodo por el que era conocido el conductor de la camioneta del Ayuntamiento).

(...) Uno de los civiles dijo que cogiera el camión que tenía en un corral y que nos teníamos que ir a la plaza de toros. Así nos fuimos para allá, el conductor y yo, y los dos civiles en la plataforma. Ibidem, Pág. 142

Ni siquiera sabe citar sus propios trabajos anteriores. Pero lo relevante es que cambia de versión, no es que se hubiera emborrachado, sino que, "si me dijo que había ido a la plaza de toros se debió a que él pensaba  que es lo que quería escuchar y escribir". Veinticinco años después, don Francisco Pilo Ortiz reinterpreta las intenciones de un testimonio: agradar al entrevistador. Si no fuera porque mentir sobre la historia debiera ser un delito intelectual, habría que descojonarse de estas fantochadas, que son tan absurdas que resulta prodigioso que haya quien las compre.


Un amigo de un servidor y de Francisco Pilo, me dice que manipulo cuando aseguro que es cierto que otro matadero de presos fue la plaza de toros de Badajoz. Y eso es lo que me molesta, que Pilo lo haya intoxicado con sus charlotadas hasta tal punto que cree que el manipulador es un servidor, y no un señor que cambia de versiones como el que se cambia de chaqueta. 

Para explicar que lo que afirmo es cierto, uso el testimonio del falangista Agustín Carande Uribe, testigo que lo conocí gracias al libro La columna de la muerte, y que mi amigo Antonio Alfonso Hernández, amablemente me pasó el recorte del HOY de 1986, en donde se reconoce los muertos en la plaza de toros. Aunque dice que no recuerda las cifras de asesinatos ocurridos en la plaza, afirma que se exageró mucho lo ocurrido en el coso taurino. Y es cierto, allí no murieron 1.800 en los cuatro o cinco días que estuvo Yagüe en Badajoz. Y además que la matanza ocurrió por toda la ciudad.


Kimet Joaquín (Joaquín Pascual Rodríguez), es un conocido historiador extremeño de Fuentes del Maestre, especializado en Prehistoria e Historia Antigua por la Universidad de Barcelona, y casualmente es tío de mi amigo el intoxicado por Francisco Pilo. Su padre estuvo preso en la plaza de toros y salvó la vida de ser fusilado por mediación de un militar que lo sacó de aquel matadero...

...  efectivamente, mi padre fue testigo...y se salvó de ser fusilados gracias a la intercesión de un cuñado suyo militar...Javier debe saber quien fue ese cuñado.

Otro amigo de un servidor, tiene un familiar ya fallecido lógicamente, que fue guardia civil y uno de los piquetes de los que estuvo fusilando en la plaza de toros aquellos trágicos días de agosto. Todos los testimonios que quedaron vivos ya han fallecido y por eso es tan sencillo negar lo que es evidente. 

Francisco Pilo, en un ejercicio bastante absurdo, reniega de los testimonios que recopiló hace 25 años, reniega de los testigos que ahora no les son cómodos, claro, Si les enseña lo que dijo un falangista camisa vieja prefieren ignorar el testimonio.

Vamos a acabar con parte del testimonio del empleado del Ayuntamiento que estuvo llevando cadáveres de la plaza al cementerio...

... me fijé que en los chiqueros había mucha gente vigilados por legionarios y muchos gritaban y lloraban. Dentro del ruedo a mano izquierdas, según se entraba había varios muertos en fila y nos dijeron que los cargáramos en el camión y nos los lleváramos al cementerio.

(...) cuando terminamos nos dijeron que volviésemos a la plaza de toros y así lo hicimos.

 (...) Desde los chiqueros salían muchas voces y la gente lloraba en su interior, junto a la puerta del túnel, había legionarios que no decían nada.

(...) Dentro de la plaza había esta vez más muertos, pero no todos juntos, sino un montón aquí y otro más allá. Después supe que los sacaban en tandas y los iban fusilando. Aquél día di por lo menos seis viajes y después ya no mataron a nadie más, pero nos mandaron a recoger por las  calles a los que allí había que en algunos sitios estaban amontonados como si en vez de personas fueran animales. También estuvieron recogiendo muertos otros y los militares cogían los suyos.

(...) Ese día terminamos hacía las cuatro de la tarde y nos dijeron que al día siguiente, 16 estuviéramos en la plaza de toros a las cuatro de la mañana (...), había "... que seguir haciendo el arrastre...".

(...) Al día siguiente, a esa hora los dos nos volvimos a ir hacia la plaza, pero andando ya que no nos habían dejado la camioneta y vuelta a empezar con la historia. Ese día dimos cuatro o cinco viajes antes de que amaneciera (...). Cuando dimos el segundo viaje ya los habían ya les había dado fuego. Aquello era espantoso. El olor era terrible y algunos muertos parecían que se quejaran cuando ardían. Hacia las nueve de la mañana me fijé que había un coche negro grande y al lado, mirando al fuego estaba un cura y tres o cuatro personas muy trajeadas que miraban como se quemaban los muertos. También empezaron a llegar mujeres que lloraban por no dejar acercarse. Ese día 15 y los siguientes se mató a mucha gente aunque no podría decir cuantos, pero nosotros dimos bastante viajes.  Ellos lo vivieron, Pág. 154

Continua el testimonio diciendo, que cuando la cosa estuvo algo más calmada, "ya los llevaban los falangistas o los guardias civiles al cementerio y allí los fusilaban". A partir de ese momento, ya dejaban a los familiares recoger a los muertos y enterrarlos, "pero muchos iban a la parte de arriba y los enterraban a todos juntos".

El testimonio vale su peso en oro, también relata que después de su trabajo en la plaza de toros, continuaban recogiendo muertos por toda la ciudad, en donde "estaban amontonados como si en vez de personas fueran animales". También confirma que hubo otras personas encargadas de recoger cadáveres por todas las calles pacenses. Dice que dio cerca de diez u once viajes desde la plaza de toros hasta el cementerio, pongamos que en cada viaje cargaban unos veinte cadáveres. Nos da una cifra de 200 muertos solo en la plaza de toros. 

Si tenemos en cuenta que cuando acabaron el "arrastre" en la plaza de toros, siguieron hasta las cuatro de la tarde, y que, como sabemos, estuvieron entre tres o cuatro camiones recogiendo cadáveres (y algunas carretas) durante al menos tres días, y que como contó Lisardo Sánchez, que vio cómo en algunos camiones los cargaban en posición vertical para que cupieran más muertos. La cifra de 1.500 ó 2.000 de los que hablaban los titulares de prensa es totalmente viable.

Francisco Pilo Ortiz no niega la matanza porque hay imágenes del cementerio con los cadáveres, y algunos crímenes se registraron en agosto. Lo que hace Pilo y sus amistades, es reducir la matanza a no más de 150 personas, que es casi tanto como negarla.

Aunque se ha puesto el énfasis lo ocurrido entre el 14 y el 18 de agosto del 36, mientras Yagüe estuvo en Badajoz, por se escandaloso, tenemos que tener en cuenta que la matanza siguió los meses siguientes y duró años. Los últimos registrados aparecen en 1945. Al partir del 39, ya solo se registran víctimas de los perdedores de la guerra en toda la nación española. Ni olvido ni perdón.

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