Noto algún malestar entre historiadores académicos por la película La Bola negra de los Javis, por su falta de rigor dicen. Yo no he visto todavía ninguna película sobre la Guerra Civil rigurosa, tampoco he leído ninguna novela sobre hechos históricos en donde el autor no se invente lo que él crea conveniente: son las famosas licencias artísticas.
Pero las novelas y sobre todo el cine, se han inventado para entretener al lector y al espectador, y además que se han convertido en un lucrativo negocio y como tal hay que acercarse al cine y a las novelas. Para eso tenemos la bibliografía, y a veces hasta tenemos que contrastar ciertas obras. En todo lo que he leído sobre Miguel de Unamuno se le blanquea por ser un gran intelectual, que eso nadie lo duda, y porque en su pasado se opuso a Primo de Rivera y estuvo afiliado al PSOE, y por ser uno de los intelectuales que aplaudió la llegada de la II República.
Pero las personas con el tiempo se cambian de chaqueta por muy de letras o ciencias que sean. Unamuno apoyó y legitimó un golpe de Estado de los militares traidores. Si el golpe de Estado hubiera fracasado en toda España y a los tres meses la república controlara todo el territorio nacional, a Unamuno se le hubiera jugado por auxilio a la rebelión. Por muy decano de la Universidad de Salamanca que hubiera sido. Lo que le redimió a ojos de la historiografía, fue su enfrentamiento con Millán Astray, encontronazo que hizo que los militares que había en el acto cargasen sus armas. Pero salió de la mano de la esposa de Franco.
Unamuno hasta el final de sus días confió en Franco. Engañado o no, hubo otros intelectuales que no apoyaron a los golpistas y eso es lo que tiene que hacer pensar a todos los blanqueadores de Unamuno. Los mismos historiadores que reconocen que la II República fue víctima de la época convulsa de entreguerras, o sea, que la república no fue culpable de la violencia de los hunos y de los otros, como lo transición no fue la culpable de la violencia de la extrema derecha y de la extrema izquierda, y sobre todo de la ETA, son los mismos que justifican la postura de Unamuno aduciendo que al gran escritor no le gustó el rumbo republicano y por eso apoyó el ejercito para poner orden. Mientras dure la guerra de Amenábar contribuyó a blanquear a Unamuno.
Más tarde, el insigne vasco, en una carta a un amigo reconocía: "Qué cándido y ligero anduve al adherirme al movimiento de Franco", como tratando de justificarse, porque era obvio y claro, que un golpe de Estado era ya no derribar la república, sino subvertir el resultado de las elecciones, como en 1934 en la revolución de Asturias las izquierdas del PSOE, el PCE y la CNT, que hicieron lo mismo que Sanjurjo y más tarde que los generales africanistas, con Sanjurjo de nuevo al frente. Unamuno no fue cándido sino algo mucho peor. Y por eso no hay que justificarlo ni blanquearlo.
Escribo estas palabras, empezando a hablar de La bola negra, porque aunque no la he visto, la película, según me han dicho no es un film sobre la Guerra Civil y la II República, pero que como sale el gran poeta asesinado por los golpistas, pues obviamente algo del tema tiene que verse reflejado en la película. He escuchado hasta quejas porque la película es queer. ¿Y que esperaban? ¿Y sí así fuese?
Como todo film que se precie y que toque datos históricos, los autores se inventan lo que su vena artística les aconseja que será mejor para el relato que pretenden reflejar. Se inventa que un actor de La Barraca fue asesinado por los fascistas. Y desde Libertad Digital, Pedro Corral (historiador y diputado de Ayuso) entiende la licencia, pero se queja de que esconda que la república también asesinó a actores de La Barraca...
... Con todo, la ficción de La bola negra presenta ante el mundo el fusilamiento de un integrante de La Barraca lorquiana por los franquistas que nunca se produjo. En nombre de la libertad de creación todo es legítimo. Pero cabe debatir sobre los límites de la ficción cuando se trata de un pasado tan complejo, que despierta tantas sensibilidades y que da pie a tantas distorsiones tendentes a acentuar la barbarie del bando franquista, minimizando o incluso justificando la del republicano. Libertad Digital...👈
No creo que inventarse un asesinato por los franquistas cree animadversión por el bando golpista. Porque esa animadversión se explica primero porque estaban dando un golpe de Estado. Y antes que se produjeran asesinatos en la retaguardia franquista, durante las primeras horas del golpe de Estado del 17 de julio en Ceuta y Melilla, los golpistas asesinaron a 250 personas.
Ciertamente a los Javis no les hubiera hecho falta inventarse ningún asesinato para crear "distorsiones" acentuando "la barbarie del bando franquista", porque eso no significa que se minimice la barbarie en el otro lado. Que naturalmente la hubo, pero si hablamos de barbarie, no hay ninguna duda quienes fueron los más bárbaros: primero desde 1936 hasta 1939, y en una segunda fase desde 1939 hasta finales de los 40. Porque si las comparaciones son odiosas, más odiosos fueron los golpistas, o sea, los culpables de la gran tragedia de los años 30 y de la larga dictadura
Según José Luis Corral. La bola negra oculta los asesinatos del "actor Eduardo Ródenas Llusía, de 20 años, asesinado en Madrid once días antes que García Lorca. En 1935 ingresó en el Consejo Nacional de Falange Española por designación de su líder, José Antonio Primo de Rivera, que por otra parte era amigo de García Lorca". Otro fascista asesinado en la retaguardia republicana fue "el pintor y escenógrafo Alfonso Ponce de León Cabello, de 38 años, autor de varios decorados del grupo teatral. Sería detenido por falangista por miembros de la checa socialista de La Motorizada". Y uno más que fue asesinado, fue Ambrosio Fernández-Llamazares y González del Ron: "Al estallar la guerra, Fernández-Llamazares, que ejercía como abogado y que años antes había hecho el servicio militar como alférez de complemento, se sumó con esa graduación a las fuerzas de los sublevados en León".
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| Lorca con bufanda blanca. A su derecha Fernández-Llamazares. Sentado (primero izquierda) Eduardo Ródenas |
Acaba el artículo: "En esas imágenes de La Barraca posan juntos, con sus monos azules y su emblema de "barracos", cuatro de sus víctimas: Federico García Lorca, Rafael Rodríguez Rapún, Eduardo Ródenas Llusía y Ambrosio Fernández-Llamazares, como si nos invitaran a que cada uno de nosotros representemos nuestro mejor papel para seguir construyendo la España de todos". Las equidistancia de que ya hubo reconciliación y que los hijos y los nietos no deben de reabrir heridas.
Lo que evita decir Pedro Corral es que asesinaron a dos falangistas que estaban participando por órdenes de José Antonio Primo de Rivera en el golpe de Estado, y a un alférez de complemento que se alistó en el bando golpista. No vamos a justificar ningún crimen, pero la filiación de los tres asesinados nos da una pista muy clara. García-Lorca lo que hizo fue esconderse cuando vio la que se estaba formando, tampoco se afilió a ningún grupo miliciano, ni tuvo cargo político alguno. Pedro Corral, talvez por ser un político, aparte de historiador del PP, no quiera culpabilizar a quienes dieron el golpe de Estado. Culpables de abrir la Caja de Pandora. Y no hay pruebas evidentes de que García Lorca fuese amigo de José Antonio Primo de Rivera. Una amistad así no es tan fácil de esconderla a los ojos de los historiadores.
No falla, cada vez que se hace una película que trata temas sobre la Guerra Civil, a ningún historiador de ninguna ideología le gusta.


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